Una vez más, PROINVERSIÓN ha informado ante una comisión de la Cámara de Diputados sobre el proyecto del Nuevo Terminal Portuario de Chimbote. Se ha hablado de una inversión superior a los 300 millones de dólares, de una Asociación Público-Privada, de una iniciativa privada autofinanciada y de la posibilidad de convertir a nuestro puerto en un hub alimentario y logístico del norte peruano.
Todo eso suena bien. Incluso demasiado bien.
Porque Chimbote ya está cansado de escuchar durante décadas que su puerto será modernizado, que se ampliará su capacidad, que tendrá un papel estratégico en el comercio exterior y que finalmente se convertirá en una infraestructura capaz de atender las necesidades de Áncash y de las regiones vecinas.
Lo que falta ahora no es otra presentación.
Lo que falta son fechas.
PROINVERSIÓN ha vuelto a explicar las bondades del proyecto, pero sigue sin quedar suficientemente claro para la ciudadanía cuándo concluirá la etapa de expresión de interés, cuándo se conocerá formalmente el resultado de ese proceso y cuándo se producirá la adjudicación del proyecto.
Y esa no es una pregunta menor.
Una inversión de más de 300 millones de dólares no puede seguir manejándose únicamente con conceptos generales, proyecciones y declaraciones de buenas intenciones. Chimbote necesita conocer el cronograma completo: qué etapa ha concluido, cuál está pendiente, qué requisitos deben cumplirse, qué empresa o empresas participan, cuándo se evaluarán sus propuestas y cuál es la fecha prevista para la adjudicación.
Porque una cosa es anunciar que el puerto tiene futuro y otra muy distinta es ponerle fecha a ese futuro.
El director del proyecto TPCH, Ernesto Guevara Kjuiro, ha explicado ante los diputados que la iniciativa busca especializar al puerto en carga alimentaria, agroindustrial, pesquera y contenedorizada, sin pretender competir directamente con megapuertos como Chancay. Es una visión que puede resultar estratégica para Chimbote y para el norte peruano.
Pero para que esa visión se convierta en realidad se necesita algo más que discursos.
Se necesita transparencia.
Se necesita información pública.
Y, sobre todo, se necesita cumplimiento de plazos.
Chimbote no puede volver a ser espectador de una larga historia de estudios, anuncios, planes maestros, modificaciones y promesas que terminan perdiéndose en los escritorios de Lima.
El puerto es demasiado importante para la economía de nuestra ciudad y para el futuro de Áncash como para continuar esperando indefinidamente.
Si PROINVERSIÓN sostiene que el proyecto avanza, corresponde que informe con absoluta claridad en qué punto exacto se encuentra el proceso y cuándo se adjudicará. Si todavía existen condiciones pendientes, también debe decir cuáles son y cuánto tiempo demandará resolverlas.
La población tiene derecho a saberlo.
El terminal portuario de Chimbote no necesita otra fotografía institucional ni otra exposición ante una comisión parlamentaria. Necesita decisiones, cronograma y resultados.
Después de tantos años de espera, Chimbote ya no debería conformarse con que le digan que su puerto será moderno y estratégico. Quiere saber cuándo comenzará a hacerse realidad.
Y esa fecha, hasta ahora, sigue sin aparecer con la claridad que la ciudad merece.

