Las cifras de las elecciones municipales del domingo hablan con una claridad que no admite interpretaciones. Walter Soto Campos no solo ganó la alcaldía provincial del Santa: obtuvo una ventaja que rompe completamente con el comportamiento electoral de los últimos procesos municipales.
Con el 97.18 % de las actas procesadas, Soto alcanza el 45.592 % de los votos, mientras que José Farro, de Podemos Perú, llega al 12.170 %. La diferencia es de 33.422 puntos porcentuales, una distancia extraordinaria para una elección provincial. En votos, la brecha supera los 77 mil sufragios.
Y para comprender la dimensión de este resultado hay que mirar hacia atrás.
En 2014, Victoria Espinoza ganó la alcaldía provincial con 22.19 %, apenas por encima del 21.79 % obtenido por Roberto Briceño. La diferencia fue de solo 0.40 puntos.
En 2018, Roberto Briceño obtuvo 23.37 %, frente al 18.40 % de Valentín Fernández. La diferencia fue de 4.97 puntos.
Y en 2022 ocurrió algo todavía más apretado: Luis Gamarra obtuvo 13.33 %, seguido por Socios por Áncash con 12.63 %, apenas 0.70 puntos de diferencia.
Es decir, durante tres elecciones consecutivas la provincia del Santa estuvo acostumbrada a resultados estrechos, con alcaldías definidas por diferencias pequeñas y con un voto ciudadano considerablemente fragmentado.
Ahora ha ocurrido exactamente lo contrario.
Walter Soto ha conseguido prácticamente la mitad de los votos válidos y ha dejado a sus contendores a una distancia inusual. No corresponde interpretar este resultado como un cheque en blanco, pero sí como un mandato electoral nítido que obliga a la próxima administración a estar a la altura de la responsabilidad que acaba de recibir.
La población ha hablado y lo ha hecho de manera contundente. Ahora le corresponde al ganador demostrar que esa confianza puede traducirse en gestión, obras, servicios eficientes, seguridad y capacidad para resolver los problemas que durante años han permanecido pendientes.
Porque una victoria amplia también trae una responsabilidad amplia.
Y hay otro hecho que merece ser destacado. Felipe Mantilla, actual alcalde provincial, acudió personalmente al despacho de Walter Soto para felicitarlo y reconocer su triunfo. Además, expresó su disposición a garantizar una transferencia ordenada, transparente y conforme a la ley.
Es un gesto que debe valorarse porque una elección termina cuando las urnas hablan. Después de eso, ya no existen adversarios electorales: existe una sola provincia y un solo interés público que defender.
El resultado de octubre de 2026 deja, por tanto, dos mensajes. El primero, electoral: nunca en las últimas cuatro elecciones municipales la diferencia entre el primero y el segundo había sido tan amplia. El segundo, institucional: el ganador debe asumir el mandato con responsabilidad y quienes entregan el poder deben facilitar una transición transparente.
En la provincia del Santa se ha elegido con claridad. Ahora corresponde que esa claridad también se vea en la gestión.

