Por fin, el hospital de San Jacinto tiene una posibilidad concreta de superar el principal obstáculo que ha impedido su culminación: la falta de presupuesto. El Congreso aprobó un crédito suplementario que contempla recursos para que el Ministerio de Salud financie los trabajos pendientes de este establecimiento, largamente esperado por la población de Nepeña y de toda la cuenca.
Sin embargo, la noticia también obliga a una reflexión incómoda. Prácticamente cuatro años de gestión municipal se han consumido entre dificultades, observaciones formuladas por los órganos de control y problemas presupuestales que terminaron retrasando la entrega de una infraestructura indispensable para la salud pública. El tiempo pasó y los ciudadanos siguieron esperando.
Lo más frustrante es que, según la información disponible, el hospital ya cuenta con equipamiento y lo que falta es concluir los acabados y trabajos pendientes para ponerlo al servicio de la población. ¿Cómo explicar que una obra de semejante importancia haya tenido que esperar tanto para resolver una necesidad presupuestal que recién ahora encuentra una salida?
Hay que reconocer las gestiones del alcalde de Nepeña, Manuel Figueroa Laos, así como el compromiso asumido por el ministro de Salud para encontrar los recursos necesarios. También corresponde destacar la aprobación parlamentaria que abre el camino al financiamiento. Pero conseguir el presupuesto no puede convertirse en motivo para bajar la guardia.
Ahora viene la etapa decisiva: transferir efectivamente los recursos, ejecutar los trabajos pendientes y culminar la obra sin más demoras. La población no necesita nuevos anuncios ni promesas, sino un hospital funcionando y atendiendo a quienes hoy deben afrontar dificultades para acceder a servicios médicos.
La culminación del hospital de San Jacinto no debe esperar el final de otra gestión municipal. El dinero debe traducirse en resultados concretos, con supervisión y transparencia.
Después de cuatro años de espera, la población de Nepeña merece que esta historia termine con la apertura del hospital, no con otra promesa incumplida.
LA DEMOCRACIA TAMBIÉN SE JUEGA EN LOS CENTROS POBLADOS
Este domingo 1 de noviembre, miles de ciudadanos acudirán a las urnas para elegir a sus autoridades municipales de centros poblados. Una jornada electoral que, aunque suele recibir menos atención que las elecciones nacionales, tiene enorme importancia para las comunidades que esperan representación, servicios básicos y soluciones a sus necesidades más urgentes.
En la provincia del Santa, la mirada estará puesta especialmente en Cambio Puente y sus anexos, Cascajal, Santa Rosa de Paquirca y Santa Ana, donde los pobladores tendrán la responsabilidad de elegir a quienes conducirán los destinos de sus comunidades. No es una elección menor. De sus resultados dependerá, en buena medida, la capacidad de sus autoridades para gestionar obras, defender los intereses vecinales y exigir atención a las municipalidades provinciales y distritales.
El Jurado Nacional de Elecciones ha dispuesto la participación de fiscalizadores para supervisar el cumplimiento de las normas electorales y contribuir a que los comicios se desarrollen con transparencia e imparcialidad. La Municipalidad Provincial del Santa, por su parte, también ha informado sobre actividades de capacitación y organización electoral en diversas comunidades.
Sin embargo, la transparencia no puede quedarse en una declaración ni en la presencia de fiscalizadores. Se requiere responsabilidad de los candidatos, respeto a la voluntad popular y garantías para que cada ciudadano vote libremente, sin presiones ni condicionamientos.
Los electores, por su parte, deben elegir con conciencia, dejando de lado las promesas vacías y privilegiando a quienes demuestren capacidad, honestidad y compromiso con sus comunidades.
La democracia comienza también en los pueblos más pequeños. Por eso, este domingo, cada voto cuenta y cada autoridad elegida debe entender que el cargo no es un privilegio personal, sino una responsabilidad con sus vecinos.

