Editorial

Editorial: ::: APREMIANTE COMPLICACIÓN :::

Aun cuando se ha iniciado hace ya casi dos años atrás, la inmigración de ciudadanos venezolanos a nuestro país, como a otros de nuestro continente, no se detiene, por el contrario, cada día que pasa se aprecia a más jóvenes y adultos realizando toda clase de actividades en las calles en busca de ganarse unos cuantos soles.

Los vemos en las esquinas ofreciendo toda clase de postres y hasta los platillos propios de su país, como las arepas, están también en los mercados en donde aquellos que contaban con algo de capital han emprendido negocios de venta de productos de pan llevar y se han sumado al agobiante comercio del día a día.

También vemos a los llamados “chamos” en una serie de comercios y establecimientos públicos, copando la cartera del empleo temporal y aceptando las propuestas que les hagan aun cuando ellas suenen a abusivas.

Lo más grave es que se les ha visto vuelto en escándalos, los visitantes no han reparado ni siquiera en el hecho que no están en su casa pero igual suelen enfrentarse entre ellos, en las relaciones de parejas en las que protagonizan cada escándalo que trasciende el escenario particular en la medida que terminan en las comisarías.

Y, lo que es más intolerante aun, han sido protagonistas de una serie de hechos policiales que ha llevado a muchos a demandar su expulsión del país, pues son reiteradas las publicaciones que dan cuenta de la participación o captura de estos extranjeros en medio de acciones delictivas, asaltos, reyertas o robos al paso.

Este último es un segmento que no se pensaba tener en la medida que aquellos que han llegado a nuestra ciudad lo ha hecho extendiendo una mano a la espera que esa otra mano amiga y solidaria de los chimbotanos comprenda la situación en la que se encuentran, y, en efecto, en nuestra ciudad se ha entregado una respuesta satisfactoria de hospitalidad y asistencia en la medida de las posibilidades de cada quien.

Lamentablemente, ese acto de altruismo y buena fe ha sido constantemente traicionado por malos venezolanos, por elementos que no se sabe si han sido ganados por la angustia o desesperación, o, porque ciertamente son gente de mal vivir que llegó desde esas lejanas tierras, empero, se han visto casos patéticos que han provocado las primeras reacciones de las autoridades.

Justamente, hace solo unos días un pequeño empresario llegó a la sede policial de la comisaría del 21 de abril para denunciar a una pareja de venezolanos que le robaron todas sus pertenencias luego de haberles otorgado posada y tras lamentar el dramático cuadro de carencias y padecimientos que le dieron a conocer.

Se trata de Carlos Villena Mantilla, quien refirió que una pareja de jóvenes venezolanos llegó a su domicilio a tocar su puerta y solicitar una ayuda porque se habían quedado sin nada, habían llegado recientemente a nuestra ciudad y necesitaban emplearse en algo para poder seguir su recorrido pero para ello necesitaban posada.

A diferencia de muchos otros que no aceptan estas demandas por las justificadas dudas respecto a desconocidos, Villena Mantilla se condolió con los jóvenes y no solo los recibió en su domicilio sino que los ayudó con sus vestimentas y hasta los llevó a una reunión familiar en la que los presentó como unos buenos amigos.

Sin embargo, apenas habían pasado tres días y cuando los extranjeros ya se habían ganado su confianza, decidieron marcharse pero no lo hicieron con las manos vacías, por el contrario, rebuscaron todos los ambientes de la vivienda y se llevaron dinero en efectivo, artefactos y joyas, en otras palabras, virtualmente “limpiaron la casa” de su propio benefactor.

Unos perfectos sinvergüenzas que nos hicieron ver de manera cruda y real los alcances de aquel sabio adagio que dice “muerden la mano de quien les dio de comer”, una deslealtad y felonía que solo corresponde a sujetos de mala vida y que realmente no tienen futuro definido pues solo viven a salto de mata.

Cierto es que ya nada podría hacer para recuperar su dinero y sus bienes, sin embargo, don Carlos Villena decidió revelar públicamente lo que le había ocurrido con la finalidad que estos descarados sujetos no sigan engañando a otras personas y no se dejen embaucar por gente que le pone el rostro de pobrecitos que se mueren de hambre, cuando en realidad se trata de verdaderos delincuentes que lo único que hacen es dejar muy mal parados y proyectan una mala imagen perjudicando a sus compatriotas que si han llegado con ganas de rehacer su vida y ganarse el pan de cada día con esfuerzo y tesón.

Sin embargo, el problema de estos inmigrantes se hace más latente cada día que pasa, la falta de trabajo y oportunidades los está llevando a la mendicidad pero además a tener que dormir en donde les caiga la noche.

Esto es que lo que se ha comenzado a advertir en la avenida Pardo, en donde un grupo de estos inmigrantes no ha vacilado en levantar carpas y pernoctar en la berma central de esta avenida, exponiéndose no solo al intenso frío de esta temporada de invierno sino a una delincuencia que es capaz de hacer de todo para satisfacer sus vicios.

Y es que, además, esta gente no puede quedarse a dormir en las calles, no puede padecer esta clase de sufrimientos, es algo inhumano a pesar que son conscientes que esto es parte de su realidad, es el drama que viven como consecuencia de un tirano que ha llevado a su país al descalabro.

Justamente, la comisionada de la Defensoría del Pueblo ha señalado el ultimo fin de semana que llevará el tema de los venezolanos al seno del Comité Provincial de Seguridad Ciudadana luego de comprobar esta lacerante realidad que los ha llevado a vivir en la calle, es consciente que esto no es más que la agudización de un problema que hay que asumirlo y hallarle alternativas de solución, no solo en Chimbote, en otras ciudades la masiva presencia de venezolanos causan estragos en la medida que las ciudades no están preparadas para recibir a tanta gente, con el añadido que no se trata solo de visitantes de paso sino de personas que pretenden quedarse definitivamente.

Esperemos que se evalúe y analice el tema con detenimiento, después puede ser demasiado tarde.