Editorial

Editorial ::SIN FASE ALGUNA::

El gobierno ha publicado anteayer el decreto supremo mediante el cual se implementa la segunda fase de reanudación de actividades en el país, en el marco de la emergencia sanitaria que rige en el país por la pandemia generada por el COVID 19.

Esta segunda fase responde a la reanudación de actividades económicas que se encuentran paralizadas desde el 15 de marzo de este año, cuando el gobierno dispuso el aislamiento social obligatorio y dictó medidas de inmovilización total con la finalidad de impedir que se propale el contagio del nuevo coronavirus.

Cuando se cumplió la prolongación de la primera medida de emergencia, a fines del mes de abril, el gobierno dispuso la reanudación de algunas actividades económicas relacionadas con el ramo productivo, en sectores como la minería, la agricultura, la pesca, etc., empero, la gran mayoría de empresas han permanecido paralizadas desde entonces.

Por ello es que ya a fines de mayo se dispuso el reinicio de un gran número de actividades siempre que se acojan a los protocolos sanitarios que ha establecido el gobierno para los efectos de impedir que, en medio de este reinicio de actividades, se pueda promover el contagio del virus que, como todos saben, tiene características letales.

De allí que esta segunda fase es la más importante, ya se incorpora a empresas que realizan actividades de mayor espectro pero que, por el momento, solo realizarán labores a través de mecanismos remotos y delivery.

Ello porque la reanudación de actividades no significa que a fines de este mes saldrán todos a las calles y podremos realizar nuestras actividades como ocurría antes de la emergencia, está demostrado que ello no es posible y que, por el contrario, todas las empresas deberán disponer de medidas preventivas que no solo le permitan cuidar a sus trabajadores, sino impedir que el contagio se masifique más de lo que ya se encuentra.

Son los llamados protocolos de seguridad que deben estar autorizados por la autoridad competente, es parte de la adecuación que debemos observar “tirios y troyanos” durante toda la pandemia, es decir, hasta que la ciencia médica no encuentre la vacuna que inmunice a todos y aleje el peligro de muerte que arrastra este COVID 19.

Sin embargo, esta segunda fase que era esperada por muchas empresas y trabajadores, en la medida que permitía saltar la valla del aislamiento social, no podrá implementarse en nuestra ciudad como en cinco regiones del país, tal como lo ha establecido el mismo decreto supremo de manera expresa, como para que a nadie le quede duda de su prohibición.

La norma establece que esta segunda fase se implementa en todo el país con excepción de las cinco regiones que cuentan con un toque de queda desde las 6.00 de la tarde, entre las cuales se ha emprendido a las provincias de Santa, Casma y Huarmey.

Esto quiere decir que, una vez más, Chimbote queda marginado de las disposiciones gubernamentales, empero, a diferencia de otras ocasiones en las cuales la postergación obedecía a criterios de tipo político, en esta oportunidad las causales están relacionadas con la irresponsabilidad de mucha gene que abandonó la restricción gubernamental y procuró que los índices de contagio de eleven sobremanera.

Esta ha sido la poderosa razón por la cual el gobierno castigó a la zona costa de la región en el penúltimo decreto dictado en la emergencia sanitaria, uno que dispuso que el toque de queda se adelante desde las 6.00 de la tarde a efectos de procurar la inmovilización de la población por más horas en comparación a otras regiones del país.

Si Chimbote y la provincia del Santa se han quedado sin segunda fase, ello obedece al hecho que un grueso de la población no ha respetado la emergencia sanitaria, han minimizado los efectos de la pandemia y solo han promovido las miles de muertes que ha dejado hasta la fecha el enemigo invisible que acecha en todo el mundo.

Si queremos salir de esta angustiante situación, hay que cambiar de actitud, hay que dejar de lado la irresponsabilidad de ese grueso de la población que ha echado por los suelos el esfuerzo que hacemos miles para salir de este estado de cosas. Eso no es justo.