Editorial

ELECCIONES, PARA LOS ANCASHINOS LO MISMO DA CHANA QUE JUANA

Cuando faltan apenas trece días para elegir a los cinco congresistas que representarán a Ancash durante los próximos cinco años, más del cincuenta por ciento del electorado ancashino ni siquiera conoce a los candidatos y, lo que es peor, tampoco tiene mayor interés en saber quiénes serán los  elegidos. Para Ancash, lo mismo da que gane Chana que Juana.

Muchos podrían ser los argumentos  para explicar este contundente desinterés, pero  lo cierto es que la actitud que han asumido los electores de Ancash solo puede explicarse a partir de dos razones, válidas y  precisas.

Primero. El papel que han cumplido los congresistas ancashinos durante los últimos veinte o treinta años se traduce en una decepción crónica y generalizada; un desengaño histórico difícil de revertir de un día para otro. La secuela todavía está vivita y coleando.

Un balance, a ojo de buen cubero, de la gestión parlamentaria que han realizado nuestros representantes en las últimas dos o tres décadas, deja muy en claro que esta labor es 90 por ciento nula. ¿Alguien recuerda alguna buena gestión realizada por uno de nuestros parlamentarios?

Más allá de las promesas incumplidas y de las poses para las cámaras de televisión que es lo que más les preocupa, los congresistas ancashinos no han sido capaces de proporcionarle a sus electores la satisfacción de aprobar las leyes que Ancash necesita. A ellos, Ancash no les debe nada. Por el contrario, son ellos quienes están en deuda con Ancash.

La ejecución de Chinecas y la modernización del Terminal Marítimo, por ejemplo, requieren de normas legales y gestiones del más alto nivel, que solo los congresistas están en condiciones de poder conseguir. Pero desde hace muchos años éstos y otros anhelos regionales continúan completamente postergados. Por esa razón, Ancash ya se cansó de esperar.

Segundo. Hasta donde nos permite la memoria, queda claro que ninguno de los congresistas ancashinos ha cumplido con su labor de fiscalización. Ni el gobierno regional ni las 180 municipalidades provinciales y distritales de la región han sido objeto de esa labor. Lo único que hemos visto en todo este tiempo, son abrazos y apretones de manos para la foto.

Todos los destapes de corrupción que han sacudido a Ancash los últimos diez años, incluyendo el caso La Centralita, se han producido gracias a la intervención de equipos de fiscales expresamente enviados desde Lima.

En todo caso, lo único que los congresistas ancashinos han hecho es más bien blindar la gestión de alcaldes y gobernadores. Todas las comisiones que se formaron en el Congreso de la República para investigar al gobierno regional de Ancash, no pudieron realizar su trabajo porque los congresistas ancashinos se dedicaron a obstruir en forma sistemática esa labor. Es innegable la vigencia de una complicidad. Yo te protejo, tú me proteges, ambos nos protegemos.

Finalmente, no está de más recordar que cada congresista recibe una remuneración 30 mil soles al mes, que año equivale a 360 mil. A ello se añade tres sueldos adicionales, uno por escolaridad, otro por fiestas patrias y un tercero por navidad, que elevan esta cifra a 450 mil. Si a eso se suma un bono mensual por semana de representación,  cada congresista resulta embolsicándose un mínimo de 500 mil soles al año. En los cinco años del periodo parlamentario, eso representa 2 millones 500 mil soles, por cabeza. Entre los cinco congresistas de Ancash, el estado gasta la friolera de 12 millones 500 mil. Un gasto que hasta hoy en nada ha favorecido a la región.

Eso explica porqué el electorado ancashino no tiene mayor interés en las elecciones del domingo 11 de abril. De antemano sabe que quienes resulten elegidos como congresistas, van a repetir la misma historia. Con representantes como ellos, ¿para qué Ancash quiere más enemigos?.