Opinión

BREVE BALANCE DE LAS OLIMPIADAS TOKIO 2020

POR: GERMÁN TORRES COBIÁN

Como era previsible, las Olimpiadas de Tokio 2020 (así llamada porque este evento universal no se pudo realizar el año pasado debido a  la pandemia), han transcurrido en medio de una gran eficacia organizativa del Comité Olímpico del Japón  y un generoso acogimiento al escaso público asistente (Covid-19 manda), por parte del pueblo  japonés. Una vez más se demuestra que el deporte mundial (al margen de las guerras, los nacionalismos y los conflictos fronterizos, migratorios demográficos o religiosos), hermana pueblos, une etnias, y conduce al ser humano hacia la hazaña cuando se trata de  lograr un puesto en el podio. El Olimpismo es, a no dudarlo, el mayor espectáculo del mundo.

A poco que repasemos el medallero final, veremos que hay cuatro grandes potencias deportivas que se han llevado la mayor cantidad de galardones: Estados Unidos, China, Gran Bretaña, Japón y  Rusia. Les sigue un nutrido pelotón de subpotencias deportivas, como Alemania, Australia, Francia, Italia, Países Bajos, Canadá y algunos  países desmembrados de la ex Unión Soviética. Por América Latina y el Caribe, los únicos que han sacado la cara dignamente han sido Brasil que se ha llevado 21 medallas y Cuba con 15 galardones (superó su actuación de Río 2016 donde solo obtuvo 11 medallas). Un poco más atrás están Jamaica con 9; Colombia y República Dominicana con 5, México y Venezuela con 4,  Argentina y Ecuador con 3 y las Bahamas con 2.

Los Juegos de Tokio 2020 han tenido nuevos protagonistas como ganadores. En la prueba de los 100 metros planos, los jamaicanos se vieron desplazados por el atleta italiano Lamont Marcell Jacobs, que nos hizo recordar al gran Pietro Mennea. Sin embargo, había otros rostros nuevos: la aparentemente frágil atleta kenyata, Peres Jepchirchir, que logró la medalla de oro, en la espectacular final de la maratón femenina, delante de su compatriota Brigid Kosgei (Plata) y superando  la admirable y portentosa carrera de la norteamericana Molly Seidel (Bronce). Difícil no emocionarse hasta las lágrimas viendo esta prueba. En gimnasia y natación artística, las rusas demostraron que son inigualables; fueron la perfección absoluta.

En la final de los 10,000 metros, la ahora legendaria etíope nacionalizada holandesa, Sifan Hassan, demostró que es la reina de esta especialidad. Anteriormente, ya había ganado, heroicamente, la medalla de bronce en los 1,500 metros. También ganó la medalla de oro en los 5,000 metros. Por su parte, el atleta kenyata, Eliud Chipkoge repitió en Tokio 2020, la medalla de oro que obtuvo en Río 2016; ganó ampliamente la maratón masculina. Así pues, muchos favoritos han confirmado sus cualidades; otros no han estado a la altura advertida, pero, en fin, todas las intervenciones de los deportistas de las naciones  duchas en los menesteres olímpicos, han sido de alto nivel.

En este contexto, el desempeño de nuestra representación hubiese pasado prácticamente desapercibido si no hubiese sido por el  extraordinario trabajo de la juninense Gladys Tejeda y de la  huancaína Jovana de la Cruz, que se colocaron en la prueba de la maratón femenina, en el puesto 27 y 40 respectivamente, entre más de 88 competidoras de 66 países, a escasos  minutos de la ganadora, Peres Jepchirchir, lo cual es una hazaña   para el atletismo peruano. En skateboarding destacó el joven chiclayano Angelo Caro que logró un honroso quinto lugar en esta especialidad que ganó Japón. Los demás deportistas del Perú, al igual que los de la mayoría de los países más atrasados del planeta, han sido simples acompañantes de un espectáculo excepcional que reúne cada cuatro años a la élite del deporte mundial. En el caso peruano no es de extrañar  la desilusión a la  que ya estamos acostumbrados. El deporte no se libra de otros aspectos de nuestra cruda realidad nacional: estamos entre las últimas naciones en fomentar el deporte; en poseer una educación de calidad; en promover la investigación científica y tecnológica; pero estamos entre los primeros del planeta en casos de corrupción y mortalidad por la pandemia. Triste palmarés. ¿Cuántos potenciales campeones se quedan en el camino por mor de una pésima política estatal en el aspecto deportivo? El deporte, igual que otra gran actividad humana como la educación y la cultura, nunca ha sido debidamente fomentado e integrado en el sistema de nuestras grandes preocupaciones nacionales. Fruto de toda esta indolencia  de nuestros políticos es el estado ruinoso de las instalaciones deportivas; el escaso o nulo apoyo pecuniario a nuestros deportistas que, generalmente, contra viento y marea, entrenan con equipos y aparatos adquiridos por ellos mismos.

Pero, no sólo es la falta de logística lo que constituye una rémora para el avance de nuestro deporte, sino que también juegan papeles esenciales el factor alimenticio, habitacional y sanitario en el que se desenvuelven los peruanos desde la infancia; la falta de promoción masiva de la práctica del deporte como una extensión necesaria de nuestra vida cotidiana; la distorsión del factor educativo como fuerza primordial para obtener una mentalidad ganadora. El poeta Virgilio, en uno de los pasajes de su epopeya  “Eneida”, menciona que el legendario Eneas, héroe troyano, razona el por qué determinados atletas ganan en las competencias: “Possunt  quia posse vidéntur”. (“Pueden porque creen que pueden”). Eneas quería decir que triunfar en una competencia deportiva significa aplicar durante largos años unos elementos que no se improvisan sino que significan buena alimentación a los futuros atletas, capacitación psicológica para la humildad y orientación adecuada para alejarlos de la soberbia; mentalización para adquirir una cultura de optimismo, de opción ganadora; práctica deportiva con orientación técnica calificada y apoyo material constante por parte del Estado. Sólo de esta manera se puede superar el pensamiento derrotista y adquirir capacidad de éxito.

En suma, los sucesivos gobiernos peruanos, entre otros desatinos, han dilapidado los recursos del Estado en actos corruptos y han menospreciado la importancia de la educación física y la cultura en el currículo de los alumnos de primaria, secundaria y universitaria. He allí la causa del fracaso y de la ineptitud y el derrotismo con el que nuestros deportistas se desempeñan  en los diferentes eventos deportivos internacionales, con excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano.