Opinión

UN FANTASMA RECORRE EL PERÚ (I)

POR: GERMÁN TORRES COBIÁN                                                                                                       

El viejo Carlos Marx, el pensador más importante del milenio pasado -según una encuesta mundial  hecha en 1999 por la  británica BBC-, debe estar carcajeándose en su tumba al comprobar que  “el fantasma del comunismo”  (cuya supuesta amenaza  circunscribió a Europa en su conocido Manifiesto),  se ha convertido  en  un ente perverso  que planea eternamente  sobre el mundo. Durante las contiendas electorales de la mayoría de países, los politicastros, los conservadores, los neofascistas y los escritores, periodistas y columnistas mercenarios, siempre esgrimen el adjetivo “comunista” contra  los   partidos de izquierda, con el objeto de evitar que esta tendencia política acceda al poder mediante el voto popular.

Hoy por hoy, el “fantasma del comunismo” recorre  el Perú. Pero, esta vez no son el Papa y el Zar de Rusia, Metternich y Guizot, los radicales de derechas de Francia y Alemania, unidos en una Santa Alianza, quienes porfían que tal espectro pende cual espada de Damocles sobre  nuestro país. Aquí y ahora, una mezcolanza   integrada por los más reaccionarios de la Derecha Bruta y Achorada (DBA) peruana se ha dedicado a maquinar la vacancia de Pedro Castillo, a quien desconocen como legítimo presidente del Perú por ser  supuestamente, “comunista”. El adjetivo “comunista” también  es usado para agraviar y despreciar a los obreros y campesinos que defienden sus derechos, a los curas de base que  comparten las necesidades de los pobres, a los periodistas honestos, a los miembros de ONGs, a las  feministas, a quienes protegen nuestro medio ambiente y, en general, a los luchadores sociales que, sin tener adscripción política alguna, claman contra la desigualdad que degrada la dignidad de millones de peruanos.

Al profesor Castillo lo han motejado de “chavista”, “terrorista”, “senderista”, etc.; pero, sobre todo, lo han tachado de “comunista”.  La DBA lo ha hecho antes y durante las últimas elecciones, y  lo seguirá haciendo mientras ejerza su cargo presidencial. Sin embargo, estamos convencidos de que Pedro Castillo no es ni remotamente “comunista”. El hecho de que  figure como  adherente del Partido Perú Libre, cuyos dirigentes se declaran “marxistas-leninistas-mariateguistas”, no le convierte automáticamente a él  en “rojo”. Es más, es posible que Castillo ni siquiera  haya leído el Manifiesto Comunista, ni el elemental artículo de Lenin: “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”. Lo único cierto es que Castillo  postuló sin éxito por el derechista Perú Posible a la alcaldía de Anguía (Cajamarca) en 2002. Nadie se convierte en “comunista” de la noche a la mañana.

En realidad, Marx empleó la frase “el fantasma del comunismo” para referirse al supuesto peligro que suponía para la derecha reaccionaria europea (monarquías, industriales y comerciantes mercantilistas, esclavistas, etc.), los nuevos ideales que intentaban cambiar el desastroso estado de cosas que se desataron en la época de la industrialización. Desde entonces, muchos han  considerado el pensamiento de Marx y su Manifiesto como una utopía. Ahora bien, ¿desde cuándo es un crimen idear  o intentar construir una utopía?  Platón lo hizo hacia 390-385 a.C. en su libro “La República”, que se considera la primera propuesta de una sociedad “comunista” en la historia, aunque limitada a las élites. A través del tiempo se han escrito bastantes obras que planteaban sociedades ideales. La célebre “Utopía” de Tomás Moro (1516), “La Ciudad del Sol” (1602), de  Campanella, “La Nueva Atlántida” (1626) de Francis Bacon, “Viaje a Icaria” de Etienne Cabet (1848)  y otros textos parecidos, esbozan naciones igualitarias,  con trabajo para todos, sin ejércitos, ni guerras, ni explotación, ni mendicidad, ni prostitución.  Los hombres buenos siempre recurrirán a la elaboración de utopías para describirnos  comunidades donde el estado de bienestar se ha generalizado y la sociedad se ha librado de parásitos, corruptos, egoístas y sinvergüenzas. Sin embargo, Carlos Marx no diseñó una utopía; describió la evolución histórica de la Humanidad tal como la vio, y su pretensión fue organizar a la clase obrera para luchar y lograr una  distribución equitativa de la riqueza producida en las industrias.

Por otra parte, estamos seguros de que quienes más estigmatizan  el “comunismo”, el socialismo y  las concepciones de la doctrina  marxista-leninista,   no tienen ni la más remota idea del significado de estos términos. Ignoran hasta el ABC del pensamiento de Marx, Engels y Lenin. Entonces, la pregunta es, ¿por qué, sin conocer esta doctrina,  detestan todo lo que tenga relación con el sistema político socialista, mal llamado “comunista”? Para contestar esta pregunta, primero hay que identificar a estos acérrimos anticomunistas o anti socialistas. A estos individuos se les puede reconocer fácilmente  porque son aquellos que por puro interés personal o por ignorancia, defienden enconadamente el establishment, el capitalismo, el neoliberalismo; alaban el infausto  sistema capitalista a pesar de  que ha fomentado en todo el mundo, desde hace siglos, el colonialismo, la esclavitud, el genocidio de pueblos autóctonos, el saqueo de los recursos naturales de las naciones, las agresiones a países remotos, la degradación del medio ambiente, y ha producido en los mismos EEUU, 40 millones de pobres. La más horrenda  aplicación del sistema capitalista fue el nazi-fascismo alemán, italiano y japonés, que causó a la Humanidad, 60 millones de muertos en la II Guerra Mundial.

Ahora, identifiquemos más claramente a quienes  avalan el capitalismo y fustigan a todo el mundo de “comunista”. En primer lugar, son los políticos de derechas con  vocación de eternizarse en el poder (presidentes, ministros o congresistas, gobernadores regionales, alcaldes y regidores). Protegen el sistema, los funcionarios públicos que reciben sueldos desmedidos;  los banqueros y financistas angurrientos; los empresarios corruptos que negocian con el Estado y especulan con los precios de las obras y productos; los católicos fundamentalistas cuya fe irracional les hace ver a los “comunistas” como demonios sin rabo;  los militares y policías coimeros; los periodistas y plumíferos asalariados por aquellos que se consideran dueños del Perú. En el fondo de las mentes de esta gente que venera el  sistema capitalista, subyace un egoísmo patológico, narcisista y codicioso. Esta laya de anticomunistas ha adoptado esa postura por conservar  su insaciable y dispendioso modo de vida. El bienestar o malestar de los demás, les importa un rábano. (Continúa).