Opinión

BASTA DE BONOS, QUEREMOS TRABAJO

Por: CPC SERGIO AGURTO FERNANDEZ (*)

Antes de abordar el asunto de los bonos, primero pasemos revista a otros aspectos de la vida nacional; nuestro querido Perú siempre fue una economía que mantiene el “perfil bajo”, nunca ha presumido de bonanzas que no fueran reales, no obstante, a existir un sostenido crecimiento del PBI, que nos hace augurar un mejor destino como país. Esta estabilidad económica y la seguridad jurídica que brinda el Perú, le ha permitido ser un destino atractivo para las inversiones.

Pero la inequitativa distribución de la riqueza por ellas generadas, ha dado lugar a que tengamos un país convulsionado política y socialmente, que se manifiestan con constantes paralizaciones laborales marchas callejeras con su secuela de revueltas y toma de carreteras, que no es de ahora, sino que siempre fue una constante en todos los gobiernos de turno, como para no quejarse. Lo que viene ocurriendo con el actual gobierno, es más de lo mismo, o sea, sigue el embalsamiento de las demandas populares desatendidas, desconociéndose hasta cuándo será, si antes no se produce una hecatombe social, con la imposición de nuevas autoridades. La pérdida de horas hombre en el trabajo por estos efectos, como es lógico, reduce el ingreso familiar y genera pobreza, complicando las tareas del gobierno. Claro que tal situación se viene dando con mayor incidencia desde cuando PPK fue Presidente de la República. Hay que entender que la inestable actividad política, es un ingrediente negativo que desacredita la buena imagen que el Perú tiene en el exterior.

Como si esto no fuera suficiente, hace su aparición en el escenario mundial, la pandemia del Covid-19, cual terremoto de elevada intensidad, coge desprevenido a todos los gobiernos del mundo, causando los estragos que todos conocemos, sobre todo en los aspectos sanitario y económico.

En el tema sanitario, por ejemplo, fue notorio el colapso de la infraestructura hospitalaria: 1) No se amplió la oferta construyendo nuevos establecimientos de salud; 2) Camas UCI y hospitalarias insuficientes como para atender a una población que desborda los 33 millones de habitantes; 3) Puestos y Centros de Salud con farmacias desabastecidas y falta de personal asistencial; 4) Insuficientes plantas de oxígeno en la capital y ausencia total en provincias, que fue la causa principal para que a diario viéramos desfilar a los cortejos fúnebres, conduciendo los restos mortales de miles de ciudadanos, rumbo al más allá, que en vida podían haber seguido aportando con su trabajo por el desarrollo del país. Este flagelo puso en evidencia nuestras carencias, que son muchas, pero que ha dejado una dura lección para aprender.

Pero lo más notorio fue el deficiente manejo de los recursos humanos en todo el sector público, a falta de una norma legal que puntualice que los trabajadores de cualquier grupo ocupacional, deben cesar luego de cumplir los 65 años de edad, tal como ocurre en el sector educación, que es la edad límite de jubilación, ¿Qué pasó cuando llegó el Covid-19?, sencillamente todos los trabajadores asistenciales y administrativos, mayores de 65 años de edad, se fueron a su casa para que, desde la comodidad del hogar, puedan hacer un trabajo remoto y así evitar el trabajo presencial, trayendo como consecuencia la falta de personal para atender a los enfermos Covid-19; todo un reto para los profesionales de la salud, que estuvieron en la primera línea de combate, con el sacrificio de muchos de ellos. Nuestra admiración y respeto a quienes se inmolaron por la noble causa de salvar vidas ajenas y que Dios los tenga en su gloria.

La permanencia de los trabajadores más allá de los 65 años de edad, no tiene justificación práctica, porque por el paso de los años, hay un desgaste inevitable, por lo que el rendimiento físico e intelectual sufre un grave deterioro, y se convierte en serio obstáculo para la institución a la que pertenece. Al no estar normado y consciente de ello, el trabajador debe optar por una salida decorosa, para poder disfrutar de la corta vida que aún le queda; claro en el Perú este es un imposible, porque aquí el jubilado siempre seguirá trabajando para equilibrar el presupuesto familiar.

El mercado laboral está sobrecargado de gente joven desocupada, con distintos niveles de formación académica, y encomendándose al santo de su devoción, pugnan por conseguir un empleo, a fin de lograr su independencia económica y dejar de seguir siendo una carga familiar. Entonces, en una especie de “higiene administrativa”, aunque sea doloroso decirlo, se debe de cesar a todos los trabajadores cuando cumplan los 65 años de edad, que se supone ya deben de haber acumulado, cuanto menos, los años mínimos de aportación para alcanzar una jubilación, a fin de oxigenar a la institución con nuevos recursos humanos, y no se siga como hasta hoy, teniendo a un sector público, convertido en una suerte de “asilo de ancianos”, que ocasiona un cambio total de su personalidad en los trabajadores, inapropiado para interactuar con el público usuario.

Luego de este preámbulo, el tema que nos convoca es el aspecto económico; es cierto que, frente a una ineludible realidad, todos tratamos de buscar las causas del problema y ensayamos una solución, acertada o no, pero forma parte de una respetable corriente de opinión. Según nuestra percepción, frente al problema del Covid-19, se ha hecho uso y abuso de los bonos económicos, como nunca antes se ha visto; los fines son socialmente justificables, aunque no todos estemos de acuerdo; hasta donde hemos podido contar, fueron ocho las oportunidades en que se dieron, debilitando la solidez de las finanzas públicas, y que se complica con la situación de la crisis mundial. Pero no todos los bonos cumplieron con su noble objetivo, cual era beneficiar a los hogares vulnerables que se encontraban en la pobreza y en la extrema pobreza, porque fueron, quien sabe si hasta miles, los que, por un error de la data, también resultaron beneficiados, aunque no lo merecían, y ni siquiera por un remordimiento de conciencia, tuvieron el desprendimiento para devolverlo. Conocemos varios de estos casos, que sin rubor alguno se jactan de su buena suerte. Hay miles de millones de soles en juego, toda una avalancha de billetes que pasan por las manos de los funcionarios de alto nivel, ¿Podemos pensar que tienen las manos limpias?

Todo esto nos hace reflexionar, para concluir opinando que, la generosidad de los bonos ya debe perder vigencia, porque genera más pobreza entre los hogares que los reciben, que si bien es cierto produce un alivio momentáneo en la situación de crisis económica familiar, pero no resuelve el problema de fondo, que es la falta de empleo. El hecho de ser un beneficiario del bono, con la frecuencia con que se da (Ya van 8), crea en la persona una situación de dependencia, y eso es fatal porque le limita para desarrollar sus capacidades. Ahora ya se está anunciando (28-06-2022) la próxima entrega de otro bono, que además viene impregnado de un tufillo de populismo, de parte del gobierno, será tal vez porque se avecina los comicios electorales del mes de octubre, sin contemplar previamente si existen los fondos de libre disposición en la caja fiscal, habiendo otras necesidades vitales muy urgentes que todavía no han sido resueltas, como son los damnificados de Bagua que sufrieron un terremoto, y ahora (30-06-2022) el deslizamiento de tierra ocurrido en el distrito de Chavín de Huántar, aquí en la Región Ancash.

La multiplicación de las necesidades en un país tercermundista como lo es el Perú, obliga al gobierno a ser mucho más cuidadoso cuando tenga que brindar apoyo social a la población vulnerable, para no caer en el facilismo de sembrar deuda política entre los ciudadanos, circunstancialmente acostumbrados a recibir dádivas, y todavía con fondos públicos. El asunto es no generar demasiadas obligaciones al Estado, que, con el paso del tiempo, será muy difícil de retirarlas, cuando el PBI ya no mantenga el mismo ritmo de crecimiento, y consecuentemente ya no habrá más riquezas por repartir.

Entonces señor Gobierno, cambie Ud. de perspectiva y no siembre más dádivas a través de bonos, sino siembre puestos de trabajo que le será políticamente mucho más rentable. Mientras los bonos obligan a una degradación en la escala social, en cambio el trabajo reditúa mayores beneficios para el engrandecimiento de nuestro querido Perú. ¿Estamos?

(*) CPC 06-340 / CELULAR: 922492395 / 910465099 / E-MAIL: seragur01@hotmail.com