Editorial

Inacción del gobierno alienta minería ilegal

Cierto: cuando el gato duerme, los ratones hacen fiesta. Lugareños que constantemente se desplazan por diversa rutas del  distrito de Pampas, provincia de Pallasca, se han tomado el trabajo de enviar a nuestra redacción numerosas fotografías y videos donde se puede apreciar la coloración amarillenta de las aguas del río  Plata, producto de los relaves de la minería ilegal que sigue en auge en esa jurisdicción. Estas aguas, luego de desembocar en el río Tablachaca, finalmente  terminan contaminando las aguas del río Santa, poniendo en grave riesgo la salud de los consumidores directos e indirectos de este recurso natural.

Pero por todo lo que estamos observando,  tanto o más dañina que la contaminación minera es la total inacción y apatía  con la que los organismos del gobierno central, regional y local vienen actuando  frente a este atentado contra la vida, la salud y el medio ambiente. Si la minería ilegal continúa haciendo de las suyas y ha convertido a la zona de Pampas  virtualmente en tierra de nadie, es porque la desidia y la pasividad de los organismos de gobierno,  así se lo permiten. No cabe otra explicación.

Desde el 6 de agosto, cuando la contaminación del río Santa fue noticia nacional, han transcurrido dos meses sin que estos organismos hayan adoptado una sola medida  para desterrar la minería ilegal y menos para sancionar a quienes la fomentan. La inacción del gobierno da la clara sensación  de un conformismo que más parece complicidad.

De acuerdo con las informaciones que hemos dado a conocer en los últimos días, todas ellas acompañadas de fotografías  bastante ilustrativas, en ningún momento la minería ilegal de la zona de Pampas se ha quedado con los brazos cruzados. Por el contrario, mantiene su ritmo no solo con la explotación de yacimientos falsamente considerados inactivos, sino también con la adquisición de equipos y maquinaria moderna, y asimismo con el embarque imparable de mineral a través de volquetes que utilizan la ruta de Pampa del Cóndor, con salida a la región La Libertad, y de Chuquicara con salida a la región Ancash. Por donde quiera que se le antoje, la minería ilegal siempre tiene las puertas abiertas.

Hasta donde se ha podido conocer, el análisis de las aguas del río Santa realizado por Sedachimbote y la Autoridad Administrativa del Agua, dan como resultado la presencia de arsénico en un nivel considerado “muy alto”. Lo que no se conoce sin embargo es si estos organismos por lo menos han propuesto la aplicación de alguna sanción a  los autores de la contaminación o han formalizado alguna denuncia ante la Fiscalía Ambiental  o de Prevención del Delito.

Por otro lado, desde el 7 de agosto  cuando el ministro del Ambiente, Juan Castro Vargas, en  vez de acudir a la zona de Pampas resultó aterrizando en el aeropuerto de Trujillo, este connotado integrante del gabinete ministerial no ha vuelto a ocuparse del tema para nada.  Muy por el contrario, cuando se le preguntó su opinión acerca de la necesidad de declarar en emergencia ambiental a la provincia del Santa, sin dar mayor importancia al asunto  se limitó a decir que la declaratoria de emergencia no iba a solucionar el problema de la contaminación.

En ese contexto, es lamentable comprobar que una actitud similar han asumido la Dirección Regional de Minería, la Autoridad Administrativa del Agua y la propia Fiscalía del Ambiente, para quienes, como se puede ver,  la contaminación del río Santa no es motivo de preocupación. ¡Qué tal falta de autoridad! Con actitudes como ésta  ¿qué más puede desear la minería ilegal.?