Opinión

Vergüenza internacional

Por: Dr.(c) Miguel Koo Vargas

La jornada electoral presidencial 2026 pasará a la historia por la negligencia institucional que dejó expuesto el país ante los ojos del mundo.

La responsabilidad es compartida. La ONPE, como órgano ejecutor del proceso, falló en lo esencial que es garantizar el derecho al voto. El JNE, como ente fiscalizador, no supo anticipar ni corregir estas deficiencias. Y el Gobierno, como garante último del orden democrático, evidenció una preocupante incapacidad para asegurar condiciones mínimas de funcionamiento. En cualquier democracia seria, esto tendría consecuencias políticas y penales inmediatas. Así que esperamos pacientemente las condenas ante estos delitos.

El impacto no fue menor. Cada mesa no instalada, cada ciudadano impedido de ejercer su voto, socavó la legitimidad misma del proceso. Y, como si eso no bastara, entre gallos y medianoche se anunció, de manera absolutamente inaudita, que las mesas no instaladas continuarían al día siguiente, cuando ya se habían difundido las encuestas disparejas a boca de urna y el conteo rápido al 100% de Datum. Una vulneración directa al principio de neutralidad electoral. En cualquier sistema serio, eso habría encendido todas las alarmas. Aquí, se comunicó como si fuera una salida operativa más.

Al cierre de esta edición, el conteo rápido de la ONPE proyecta una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga. Más allá de las posiciones ideológicas, hay una lectura política clara. La izquierda, de momento, no tendrá cabida en el Ejecutivo. Es un mensaje del electorado que no puede ser ignorado y que responde, en gran medida, al desgaste acumulado de gestiones recientes y a una narrativa que no logró reconectar con la ciudadanía, independientemente de la contracampaña de Cerrón a los candidatos de izquierda.

Otro dato relevante es la caída de partidos que, hasta hace poco, tenían peso en el tablero político. Alianza para el Progreso, Podemos Perú y Perú Libre no lograron superar la valla electoral. Una noticia tan positiva que nos devuelve la calma y la esperanza en medio de un clima de inestabilidad.

En Áncash, la situación es aún más evidente. La mayoría de los candidatos hicieron una campaña paupérrima en términos estratégicos. No entendieron el contexto, nunca leyeron al votante y, lo más grave, no gestionaron su posicionamiento digital de manera profesional. Estuvieron completamente fuera de juego. Lo ocurrido vuelve a poner en evidencia una constante preocupante en la política regional, la precariedad en el manejo estratégico del marketing político.

Hoy más que nunca, la política exige estrategia. Exige lectura de contexto, disciplina comunicacional y coherencia. Lo que vimos en esta elección, tanto a nivel nacional como regional, es exactamente lo contrario.

El Perú no solo necesita mejores candidatos, necesita mejores profesionales y mejores personas. Y, sobre todo, necesita entender que la democracia no se sostiene sola, sino que se construye, se protege y se respeta. El país sigue en jaque, por ahora.