Opinión

Con el mismo sombrero

Por: Fernando Zambrano Ortiz

Analista Político

Roberto Sánchez quiere presentarse como cambio. Pero cuesta ver en su candidatura una verdadera ruptura. Más bien, transmite la sensación de ser la continuidad, con otro rostro y otro tono, pero con el mismo sombrero, de un espacio político que ya le hizo demasiado daño al país.

El problema no es que sea un candidato de izquierda. En democracia, todas las ideas compiten. El problema es que su figura llega acompañada de cuestionamientos que afectan algo más importante que una etiqueta ideológica: la confianza pública.

Ahí está, primero, el tema de la neutralidad electoral. No es un detalle menor que su entorno haya quedado bajo cuestionamiento por una presunta mezcla entre funciones públicas y actividades proselitistas. En un país agotado de ver cómo se confunde el Estado con la campaña, ese tipo de señales no deberían relativizarse.

A eso se suma un segundo pasivo: su cercanía política con el castillismo. Roberto Sánchez no ha logrado convencer de que representa una rectificación real frente a un ciclo que dejó improvisación, confrontación institucional y una crisis de enorme costo para el país. Por eso su candidatura no se percibe como una salida, sino como una posible prolongación.

Y hay un tercer problema, quizá el más profundo: las dudas sobre su compromiso inequívoco con la institucionalidad. En una elección presidencial, no basta con prometer reivindicación social o cambio político. También se necesita transmitir serenidad, límites claros y respeto por las reglas del juego. Cuando eso no está del todo claro, la preocupación deja de ser ideológica y se vuelve republicana.

Ese es el riesgo de fondo. No se trata de prejuicio. Se trata de memoria. El Perú ya sabe lo que cuesta entregarle el poder a figuras que no marcan distancia suficiente con proyectos fallidos, entornos tóxicos o prácticas que erosionan la confianza en el Estado.

Por eso Roberto Sánchez no genera solo debate. Genera alerta. Porque más que abrir una etapa nueva, su candidatura parece querer devolvernos, con el mismo sombrero, a una historia que el país no debería repetir.