Por: FERNANDO VALDIVIA CORREA
Como es de público conocimiento, el pasado 20 de abril, la Fuerza Aérea del Perú suscribió, en representación del Estado peruano, la compra de 24 cazas a la empresa Lockheed Martin por US$ 3500 millones. A los días, el Ministerio de Economía y Finanzas hizo el primer desembolso, transfiriendo al tipo de cambio US$ 462 millones, respondiendo el embajador norteamericano que las primeras aeronaves llegarían a nuestro país en el 2029. Fin de la historia.
Un momento, aún no. El 3 de los corrientes, en entrevista a Panorama, José María Balcázar afirmó “eliminan ahí a los franceses y a los suecos, ya no los consideran, y sacan una disposición y dicen que esa compra va a tener carácter secreto. Y secreto de Estado, y que, por tanto, solamente se vería el vendedor y comprador a través de la FAP”, finalizando su alocución que “la deuda falta mucho pagarse, muchísimo más, y se puede incluso reducir la cantidad de aviones, Hay argumentos para que se pueda renegociar”. Fastidiado, cuando menos.
La respuesta vino del Contralmirante AP (r) Juan Carlos Llosa, que en declaraciones para RPP manifestó que “hay que recordarle a este señor que entre sus funciones está ser Jefe Supremo de las FFAA. Inmediatamente debió pedir, exigir, ordenar, que se le dé una exposición de los principales aspectos de la seguridad nacional”.
Y, al día siguiente de la presentación de Balcázar en el citado dominical, en el Congreso de la República, donde fueron invitados a sesionar de manera reservada, el Premier Luis Arroyo, así como los ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores, Amadeo Flores y Carlos Pareja, respectivamente, informaron que tales adquisiciones no fueron un simple gasto, sino una necesidad impostergable atendiendo a las necesidades de la patria, pues los aviones Mirage 2000 y MiG-29 ya están próximos a su límite y capacidad de defensa; es decir, están ya cumpliendo su vida útil.
El problema aquí suscitado es de forma y de fondo. Lo primero, el Reglamento de la Ley que crea la Agencia de Compras de las Fuerzas Armadas (DS N° 001-2020-DE) refiere que la lista general de contrataciones con carácter de Secreto, Secreto Militar o por razones de Orden Interno, será aprobada mediante DS refrendado por el MINDEF, con voto aprobatorio del Consejo de Ministros. Así, el DS N° 001-2026-DE, publicado el 5 de marzo pasado, aprobó la lista general de contrataciones de bienes, servicios y obras que realiza el sector Defensa con carácter secreto para el periodo 2025-2027, encontrándose como ANEXO: “Contratación vinculada al proyecto de inversión con CUI Nº 2573425, con el objeto de incrementar la capacidad operativa de la Fuerza Aérea del Perú”, con carácter de SECRETO.
En adición, la Ley de Acceso a la Información Pública expresa en el artículo 15°, Numeral 1), como Información Secreta, entre otras, Literal f) El material bélico, sus componentes, accesorios, operatividad y/o ubicación cuyas características pondrían en riesgo los planes de defensa militar contra posibles agresiones de otros Estados o de fuerzas irregulares militarizadas internas y/o externas, así como de operación en apoyo a la Policía Nacional del Perú, planes de movilización y operaciones especiales relativas a ellas. Por tanto, la compra de aviones de combate fue secreta al amparo de las normas signadas precedentemente; mientras que la opinión reiterada del mandatario denota un monumental desconocimiento de la gestión pública, específicamente en temas relacionados con el ámbito de la seguridad nacional.
En tanto que lo segundo, Balcázar fue desautorizado consecutivamente por miembros de su gabinete; siendo, en un primer momento, por Carlos Díaz y Hugo de Zela, entonces Titulares de Defensa y de Relaciones Exteriores, respectivamente, quienes renunciaron al cargo, pero el Presidente consumó venganza despidiéndolos; y luego por Arroyo, a quien de seguro le quiere hacer lo mismo, aunque no puede. La razón es simple, lo necesita por la gobernabilidad, o mejor dicho su gobernabilidad. Sabe que un nuevo PCM debe enfrentarse al Parlamento por el voto de investidura que podrían no dárselo, o hacerlo previa negociación de cuotas en carteras ministeriales, principalmente con partidos que no alcanzaron pasar la valla electoral el 12 de abril último.
Esto último es lo que José María Balcázar quiere evitar. Ganas le sobran de expectorarlo, aunque de momento solo le resta controlar sus impulsos, y probablemente seguir haciendo el ridículo en este tema, u otro que aparecerá en el mutante escenario político.

