Editorial

Cuando se pesca el futuro: la razón detrás de la suspensión de la anchoveta juvenil

La suspensión de la pesca de anchoveta en casi toda la zona norte-centro del país confirma algo que desde hace semanas advertían pescadores artesanales, especialistas y diversos sectores vinculados a la actividad pesquera: la captura indiscriminada de ejemplares juveniles estaba poniendo en serio riesgo la sostenibilidad del principal recurso pesquero del Perú. Las protestas y cuestionamientos tenían fundamento. Hoy, la propia decisión del Ministerio de la Producción termina dándoles la razón.

La anchoveta no es cualquier especie. El Perú posee una de las pesquerías más grandes del mundo y miles de empleos dependen directa e indirectamente de ella. La industria de harina y aceite de pescado mueve millones de dólares y representa un componente importante de la economía nacional. Precisamente por esa enorme relevancia, las autoridades deberían actuar siempre con el máximo rigor técnico y precautorio. Sin embargo, los recientes reportes del IMARPE evidencian que la reacción oficial llegó tarde.

Los informes científicos revelan que la flota industrial seguía interactuando con concentraciones masivas de juveniles, incluso después de las primeras restricciones temporales. Es decir, las medidas iniciales no fueron suficientes y la captura de “peladilla” continuó ocurriendo en niveles preocupantes. Cuando más del 50 % de los eventos de pesca corresponde a ejemplares menores a la talla permitida, el problema deja de ser un hecho aislado y se convierte en una amenaza seria para el futuro de la biomasa marina.

Resulta inevitable preguntarse por qué se permitió mantener las operaciones extractivas cuando ya existían señales claras de alarma. Diversos sectores venían denunciando que la temporada presentaba una presencia extraordinaria de juveniles y pedían mayor prudencia. No obstante, durante varios días predominó la presión económica sobre la prevención biológica. Esa lógica puede generar ganancias inmediatas, pero también puede comprometer el recurso que sostiene a toda la industria.

Capturar anchoveta juvenil equivale, en términos simples, a pescar el futuro. Cada ejemplar extraído antes de alcanzar su madurez reduce las posibilidades de reproducción y disminuye la capacidad de recuperación del stock. A largo plazo, ello puede traducirse en temporadas más pobres, menor producción y pérdidas económicas mucho mayores que cualquier paralización temporal.

La experiencia internacional demuestra que los países que protegen adecuadamente sus recursos pesqueros son aquellos que logran sostener industrias fuertes y duraderas. En cambio, cuando prevalece la sobreexplotación o la permisividad frente a la captura de juveniles, las consecuencias terminan siendo devastadoras. El mar peruano no es infinito y requiere decisiones responsables basadas en evidencia científica.

La suspensión por quince días es una medida necesaria, pero probablemente insuficiente si no viene acompañada de una vigilancia estricta y de un compromiso real de todos los actores involucrados. El IMARPE debe mantener independencia técnica y PRODUCE tiene la obligación de actuar sin presiones políticas ni empresariales. Asimismo, las empresas pesqueras deben comprender que proteger la anchoveta juvenil no es un obstáculo para el negocio, sino la única garantía de continuidad para el sector.

Hoy queda claro que las voces que alertaban sobre la pesca de anchoveta juvenil no exageraban. Por el contrario, estaban defendiendo la sostenibilidad de uno de los recursos más valiosos del país. Ignorarlas habría significado seguir poniendo en peligro el futuro del mar peruano.