Editorial

Una carretera que ya no resiste “parches”

La carretera Santa–Chuquicara se ha convertido en el mejor ejemplo de cómo el Estado insiste en administrar problemas en lugar de resolverlos. Han pasado más de quince meses desde que se otorgó la buena pro para el denominado “Servicio de Mantenimiento Periódico” y la realidad sigue siendo la misma: polvo, huecos, peligro y abandono para miles de ciudadanos que utilizan diariamente esta vía de 64 kilómetros.

El Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), a través de Provías, sostiene que el proyecto contempla mantenimiento y no una reconstrucción integral. Allí aparece el gran dilema: ¿cómo pretender recuperar una carretera colapsada únicamente con mantenimiento? La vía Santa–Chuquicara ya superó hace años la etapa de parchado. Su deterioro estructural evidencia que lo que necesita es una carretera nueva, moderna y segura.

La situación es preocupante porque mientras los funcionarios revisan expedientes, observan estudios y corrigen documentos, la población sigue expuesta al riesgo diario. El tramo inicial desde el cruce de Santa prácticamente ha desaparecido bajo el polvo. Los vecinos soportan contaminación permanente y los transportistas ven cómo sus vehículos se deterioran aceleradamente. El costo económico y social del abandono termina recayendo sobre la ciudadanía.

Resulta positivo que el alcalde de Santa, Alex Motta Borjas, mantenga la presión y continúe exigiendo respuestas al MTC. Sin embargo, no debería depender únicamente de una autoridad local insistir para que el Gobierno Central cumpla con una obra indispensable para la conectividad y el desarrollo de la zona. El silencio y la lentitud burocrática solo aumentan la desconfianza ciudadana.

Más preocupante aún es que el proyecto bordee los 60 millones de soles y, pese a ello, todavía no se vea maquinaria trabajando de manera efectiva sobre la carretera. La explicación oficial señala que primero deben aprobarse los estudios técnicos. Pero la población no entiende de trámites interminables; entiende de accidentes, de polvo y de una vía destruida que afecta el comercio, el transporte y la calidad de vida.

El problema de fondo es que el MTC parece empeñado en aplicar una solución temporal a un problema permanente. Colocar una carpeta asfáltica sobre una estructura agotada puede aliviar momentáneamente algunos sectores, pero difícilmente garantizará una solución duradera. La experiencia demuestra que las vías mal rehabilitadas terminan deteriorándose rápidamente y obligan nuevamente a gastar recursos públicos en más mantenimientos.

Santa y los pueblos conectados con Chuquicara no necesitan anuncios ni reuniones técnicas eternas. Necesitan decisiones políticas firmes. El Estado debe sincerar la situación y reconocer que esta carretera requiere una reconstrucción integral. Seguir llamando “mantenimiento” a una vía prácticamente destruida solo retrasa una solución definitiva.

El tiempo pasa y la carretera empeora. Cada día de demora representa más accidentes, más contaminación y más pérdidas económicas. El MTC tiene que decidir si continuará administrando el deterioro o si finalmente apostará por construir la nueva carretera que la población viene reclamando desde hace años.