La nueva suspensión de la primera temporada de pesca de anchoveta por otros 15 días no hace más que confirmar una realidad que el sector pesquero ya venía observando desde hace semanas: las condiciones oceanográficas no permiten garantizar una extracción sostenible del principal recurso hidrobiológico del país. Frente al avance del fenómeno de El Niño Costero y la elevada presencia de juveniles, el Ministerio de la Producción ha tomado una decisión que, aunque difícil para la economía pesquera, resulta inevitable.
La anchoveta no es un recurso cualquiera. Sobre ella descansa una de las industrias más importantes del Perú, la producción de harina y aceite de pescado, además de miles de empleos directos e indirectos en puertos como Chimbote, Coishco, Samanco, Supe o Paita. Sin embargo, precisamente por esa importancia económica, el país no puede darse el lujo de depredarla en momentos en que el ecosistema marino atraviesa una alteración severa.
Los informes del IMARPE son claros. Las aguas cálidas continúan desplazando los cardúmenes hacia zonas más profundas y alejadas del litoral habitual. A ello se suma la preocupante presencia de ejemplares juveniles, cuya captura pondría en riesgo el futuro del stock norte-centro de anchoveta. Cuando una pesquería comienza a extraer masivamente juveniles, el daño no se mide solo en la temporada actual, sino en los años siguientes. Se afecta el proceso de crecimiento, reproducción y recuperación natural de la especie.
Por eso, insistir en mantener abierta la temporada sería una apuesta irresponsable. Produce ya no tiene otro camino que dar por concluida definitivamente la primera temporada de pesca 2026. Mantener ampliaciones temporales de suspensión solo prolonga la incertidumbre para armadores, tripulantes, plantas harineras y toda la cadena productiva. Lo más sensato es reconocer que las condiciones climáticas han cambiado drásticamente y que el mar necesita un periodo de recuperación.
Es cierto que esta decisión tendrá un fuerte impacto económico. Chimbote y otros puertos pesqueros sentirán nuevamente la desaceleración de la actividad industrial, afectando ingresos familiares y movimiento comercial. Pero también es cierto que una mala decisión hoy podría provocar consecuencias mucho más graves mañana: una reducción drástica de biomasa, una segunda temporada inviable o incluso una crisis pesquera de largo plazo.
La historia reciente ya ha demostrado que los eventos de El Niño modifican radicalmente el comportamiento de las especies marinas. En esos escenarios, la prudencia debe imponerse sobre la presión económica inmediata. La sostenibilidad no puede convertirse en un simple discurso técnico; debe traducirse en decisiones firmes, aunque impopulares.
El desafío ahora no solo corresponde a Produce. El Gobierno debe empezar a trabajar medidas de contingencia económica para las ciudades afectadas por la paralización pesquera, especialmente en aquellas donde la anchoveta mueve gran parte de la economía local. Programas temporales de empleo, apoyo a pescadores artesanales y mecanismos de alivio financiero serán necesarios mientras duren las anomalías climáticas.
Hoy el mar peruano está enviando una señal de advertencia. Ignorarla sería repetir errores del pasado. La anchoveta necesita tiempo para recuperarse y el país necesita comprender que no siempre se puede extraer más de lo que la naturaleza está en capacidad de soportar.

