Editorial

Somos 34 millones, pero cada vez más viejos

Los resultados preliminares de los Censos Nacionales 2025 del INEI dejan una cifra que, a primera vista, podría interpretarse como una señal de crecimiento y fortaleza: el Perú ya supera los 34 millones de habitantes. Sin embargo, detrás de ese número existe una realidad mucho más compleja que obliga a mirar el futuro con preocupación y responsabilidad.

Durante décadas, el crecimiento demográfico peruano estuvo impulsado por una población joven y una alta tasa de natalidad. Hoy, esa tendencia está cambiando aceleradamente. Los datos del censo muestran que la proporción de adultos mayores pasó de 11.7 % a 14.8 % en apenas ocho años, mientras que el grupo de niños y adolescentes de 0 a 14 años descendió de 26.5 % a 22.6 %. Es decir, nacen menos peruanos y vivimos más años.

Se trata de una transformación demográfica que no es exclusiva del Perú. Países desarrollados como Japón, España o Italia enfrentan desde hace años el envejecimiento de su población. La diferencia es que ellos llegaron a esa etapa después de alcanzar altos niveles de desarrollo económico y cobertura social. El Perú, en cambio, aún arrastra enormes brechas en salud, educación, empleo formal y sistemas de pensiones.

La advertencia formulada por el jefe del INEI no debe pasar desapercibida. Si las tendencias actuales continúan, hacia el año 2040 habrá más adultos mayores que menores de 15 años. Esto significa que cada vez menos personas en edad productiva tendrán que sostener económicamente a una población jubilada en crecimiento.

Las consecuencias podrían sentirse en diversos sectores. El sistema de salud deberá prepararse para atender enfermedades asociadas al envejecimiento, como diabetes, hipertensión, cáncer o problemas neurodegenerativos. Asimismo, se requerirán mayores recursos para pensiones, programas de asistencia social y servicios especializados para adultos mayores.

Por otro lado, la reducción de nacimientos también plantea desafíos económicos. Menos jóvenes significan una futura reducción de la fuerza laboral disponible, lo que puede afectar la productividad y el crecimiento económico del país. La llamada “tasa de reemplazo generacional” se encuentra por debajo de los niveles necesarios para garantizar un crecimiento poblacional sostenido.

A ello se suma otro fenómeno que ha influido en la dinámica demográfica reciente: la migración extranjera. El INEI estima que alrededor de un millón y medio de extranjeros residen en el país, siendo la población venezolana la más numerosa. Esta migración ha contribuido a mantener el crecimiento poblacional y ha incorporado mano de obra joven a la economía peruana, aunque también plantea desafíos de integración social y acceso a servicios.

La noticia no es que somos más de 34 millones de peruanos. La verdadera noticia es que el Perú está envejeciendo más rápido de lo que muchos imaginan. Esta realidad exige políticas públicas de largo plazo y una visión de Estado que vaya más allá de los ciclos electorales.

El país debe prepararse desde ahora para una sociedad distinta. La planificación de hospitales, viviendas, transporte, empleo y seguridad social tendrá que responder a una población cada vez más longeva. Ignorar esta tendencia sería un error que las futuras generaciones podrían pagar muy caro.

Porque el desafío no es cuántos somos, sino cómo viviremos en las próximas décadas. Y los resultados del censo nos están diciendo, con absoluta claridad, que el Perú del futuro tendrá más canas que cunas.