Editorial

MITA – MITA: el Perú exige consensos

“Mita – mita”, dice la jerga popular cuando las cosas están repartidas por igual, cuando nadie logra imponerse claramente sobre el otro. Esa expresión resume con precisión el escenario político que vive hoy el Perú tras una elección que ha vuelto a evidenciar una profunda división nacional.

Los resultados del domingo muestran un país partido en dos. No se trata únicamente de una competencia electoral ajustada; es el reflejo de años de enfrentamientos políticos, crisis institucionales y una polarización que se ha ido profundizando durante el último lustro. Hemos transitado por gobiernos inestables, conflictos permanentes entre poderes del Estado y discursos que han privilegiado la confrontación antes que el entendimiento.

Más allá de quién resulte finalmente ganador de la segunda vuelta, existe una realidad imposible de ignorar: la mitad del país piensa de una manera y la otra mitad tiene una visión distinta del futuro nacional. Esa situación no debe ser vista como una amenaza, sino como una oportunidad para construir puentes. La democracia no consiste en aplastar al adversario, sino en encontrar espacios de coincidencia que permitan gobernar para todos.

El futuro del Perú está ahora en manos de quienes han sido elegidos para conducir el país desde el Ejecutivo y el Congreso. La ciudadanía ha enviado un mensaje claro: nadie tiene un cheque en blanco y nadie puede gobernar ignorando a la otra mitad de los peruanos. Los tiempos exigen madurez política, responsabilidad y una visión de Estado que coloque los intereses nacionales por encima de las ambiciones personales o partidarias.

Por ello, preocupa que las primeras reacciones tras conocerse los resultados preliminares hayan estado dirigidas únicamente a los propios simpatizantes. Cuando el país atraviesa momentos de tanta tensión, lo que se necesita no son políticos hablando para su tribuna, sino estadistas capaces de tender la mano al conjunto de la nación. Gobernar implica representar incluso a quienes no votaron por uno.

La larga espera de los resultados oficiales debería servir como un espacio de reflexión para todos los actores políticos. El Perú no resiste más enfrentamientos estériles, más discursos de odio ni más intentos de dividir a los ciudadanos entre buenos y malos. El verdadero desafío comienza después de las elecciones y consiste en reconstruir la confianza, fortalecer las instituciones y recuperar la estabilidad que tanto necesita el país.

Los peruanos merecemos un futuro basado en el diálogo, la tolerancia y los acuerdos. El resultado “mita – mita” no debe convertirse en una excusa para profundizar las diferencias, sino en el punto de partida para construir consensos. Ha llegado el momento de dejar atrás la confrontación permanente y pensar en el Perú antes que en cualquier interés particular.

Si los líderes políticos comprenden el mensaje de las urnas, todavía estamos a tiempo de abrir una etapa de reconciliación y progreso. De lo contrario, seguiremos atrapados en un círculo de conflictos que amenaza con comprometer nuestro futuro. El país necesita unión, sensatez y grandeza. Hoy más que nunca, el Perú exige consensos.