Política

No basta con mirar el marcador

Por: Fernando  Zambrano Ortiz

Analista Político

En política electoral existe una diferencia fundamental entre el resultado que se observa en un momento determinado y el resultado que probablemente terminará produciéndose cuando concluya el escrutinio. Confundir ambos conceptos suele conducir a análisis apresurados, triunfalismos prematuros o derrotismos injustificados.

Eso es precisamente lo que viene ocurriendo en la segunda vuelta presidencial de 2026.

A simple vista, el conteo nacional mostraba una ventaja para Roberto Sánchez. Sin embargo, una revisión más detallada de la composición de las actas pendientes revelaba una realidad mucho más compleja. No todas las actas valen lo mismo políticamente. Algunas proceden de territorios donde existe una tendencia claramente favorable a uno de los candidatos, mientras que otras corresponden a zonas cuyo comportamiento electoral ya es ampliamente conocido.

El caso más evidente es el voto en el extranjero. Con menos de la mitad de sus actas contabilizadas al momento del análisis, mostraba una ventaja contundente para Keiko Fujimori. Ese dato no era menor. Significaba que una porción importante de votos aún no incorporados al resultado nacional provenía de un universo donde Fuerza Popular obtenía márgenes significativamente superiores a los de su competidor.

A ello se sumaba otro elemento determinante: las actas observadas de Lima. La información disponible mostraba que, dentro de ese bloque pendiente de resolución, la ventaja favorecía ampliamente a Keiko Fujimori. Por volumen y por comportamiento electoral, estas actas tenían capacidad real para modificar una diferencia nacional relativamente estrecha.

Por eso, quienes analizaban únicamente el resultado acumulado corrían el riesgo de perder de vista la fotografía completa. En una elección tan ajustada, el origen de las actas pendientes puede ser tan importante como el número de votos ya contabilizados.

Lo que esta elección demuestra es que la estadística electoral exige prudencia. Las tendencias son importantes, pero también lo es comprender dónde están los votos que faltan contar. Un candidato puede aparecer adelante en el marcador y, aun así, enfrentar un escenario adverso si las mesas pendientes pertenecen mayoritariamente a territorios favorables a su rival.

La principal lección de este proceso es sencilla: las elecciones no terminan cuando se cuentan la mayoría de las actas, sino cuando se cuentan todas. Y mientras existan bloques significativos de votos pendientes, especialmente en zonas con patrones electorales claramente definidos, cualquier conclusión definitiva resulta prematura.

La democracia exige paciencia. Los resultados electorales no deben construirse sobre percepciones, emociones o narrativas de ocasión, sino sobre datos verificables y escrutinios completos. En momentos de alta polarización, esa prudencia deja de ser una virtud política para convertirse en una obligación democrática.