Editorial

El niño no espera: es momento de actuar en Áncash

Los pronósticos sobre la posible presencia de un fenómeno de El Niño fuerte o incluso muy fuerte para los próximos meses son cada vez más frecuentes y coincidentes. Organismos internacionales como la NOAA y la Organización Meteorológica Mundial vienen advirtiendo sobre el progresivo calentamiento del Pacífico, mientras que especialistas del Senamhi han comenzado a alertar sobre los impactos que podría generar este fenómeno en el territorio nacional.

Aunque se espera el próximo pronunciamiento oficial de la Enfen para conocer una evaluación actualizada de las condiciones oceánicas y atmosféricas, la pregunta de fondo es si las autoridades están realmente preparadas para enfrentar un escenario que podría repetirse con consecuencias similares o incluso más graves que las registradas en años anteriores.

La experiencia demuestra que esperar el comunicado final para recién tomar decisiones suele ser un error. La prevención requiere anticipación. Los especialistas ya advierten que la costa norte podría enfrentar lluvias intensas, inundaciones y activación de quebradas, mientras que el sur y la Amazonía sufrirían déficit hídrico y sequías. Frente a ello, las obras de prevención deberían encontrarse culminadas o, al menos, con avances significativos.

Sin embargo, en Áncash la realidad genera preocupación. Los trabajos de protección ribereña en ríos estratégicos como el Lacramarca, Casma y Huarmey, por parte de ANIN,  aún presentan retrasos e inconclusiones que despiertan incertidumbre. Son proyectos fundamentales para reducir riesgos frente a eventuales crecidas, desbordes e inundaciones. La pregunta que surge es inevitable: ¿quién se encargará de culminar estas intervenciones antes del inicio de la temporada de lluvias?

No se trata de generar alarmismo, sino de actuar con responsabilidad. Cada temporada de lluvias deja lecciones que parecen olvidarse con demasiada rapidez. Cuando las emergencias llegan, aparecen los pedidos de ayuda, las declaratorias de emergencia y los cuestionamientos sobre la falta de prevención. Pero para entonces el daño ya está hecho y las pérdidas humanas, económicas y sociales son difíciles de revertir.

Áncash conoce de cerca los efectos de los fenómenos climáticos extremos. Por ello, las autoridades nacionales, regionales y locales deben acelerar la ejecución de las obras pendientes, supervisar el estado de las defensas ribereñas existentes, limpiar cauces y quebradas, fortalecer los sistemas de alerta temprana y coordinar planes de contingencia con la población organizada.

La ciudadanía también debe mantenerse informada y participar activamente en las acciones preventivas. La gestión del riesgo de desastres no es responsabilidad exclusiva del Estado, pero sí corresponde a las autoridades liderar y garantizar que las medidas necesarias se ejecuten a tiempo.

Los anuncios de la NOAA, la WMO y ahora las advertencias de los especialistas del Senamhi constituyen señales claras que no pueden ser ignoradas. El Niño no espera. Cada semana que pasa sin avances concretos en las obras de protección representa una oportunidad perdida para reducir riesgos. Áncash necesita respuestas, planificación y ejecución inmediata. La prevención siempre será menos costosa que reconstruir después de una tragedia.