Opinión

Cuando llegue El Niño, ya será tarde

Por : Walter Miguel Quito Revello

Otra vez estamos frente al mismo libreto de siempre. Otra vez las alertas están dadas. Otra vez los técnicos advierten. Otra vez los científicos dicen que el Fenómeno de El Niño 2026-2027 podría ser fuerte. Y otra vez nuestras autoridades… no hacen nada.

Mientras el pueblo sigue con su rutina diaria, el mar frente a nuestras costas se sigue calentando. El ENFEN y el SENAMHI ya advirtieron que para el verano 2026-2027 existe una alta probabilidad de un evento entre moderado y fuerte, con cerca de 48% de probabilidad de que sea fuerte. Eso no es un simple dato meteorológico. Eso significa lluvias intensas, desbordes, inundaciones, huaicos y, como ya estamos viendo, más dengue, más zancudos y más enfermedad.

Y sin embargo, ¿qué vemos en Áncash? Silencio. Indiferencia. Desidia. Como si no hubiéramos aprendido nada.

¿Ya olvidamos lo que pasó en Nepeña? ¿Ya olvidamos los campos anegados, los caminos destruidos, los canales desbordados, las viviendas inundadas, los agricultores perdiendo sus cultivos y las familias quedando aisladas? En Nepeña, cuando llueve fuerte, el problema no empieza con la lluvia. El problema empieza mucho antes: con drenes abandonados, cauces sin limpieza, quebradas sin encauzar y autoridades que solo reaccionan cuando el agua ya les llega al cuello. Ese es nuestro verdadero desastre: no El Niño, sino la improvisación.

Porque seamos sinceros: aquí hay una costumbre perversa. Las autoridades esperan hasta el último minuto para recién: alquilar maquinaria, limpiar drenes a la carrera, pedir presupuesto al Estado, declarar emergencia, salir en la foto con casco y chaleco. Y después, como si fuera premio de consolación, reparten lo de siempre: calaminas, sacos y promesas.

Pero el pueblo ya debería decirlo con claridad: No queremos calaminas. Queremos prevención. No queremos ayuda cuando todo se perdió. Queremos obras antes del desastre. La prevención no da tantas fotos como la emergencia. Por eso muchos políticos la ignoran. Porque limpiar un río en junio no da votos. Pero aparecer en televisión en enero, con botas en medio del barro, sí.

Ahí están nuestros alcaldes. Muchos ya están de salida. Les queda menos tiempo de gestión que promesas incumplidas. Y cabe preguntarse: ¿qué están haciendo hoy para proteger a sus distritos? Porque si mañana colapsa Nepeña, Samanco, Moro, Cáceres del Perú o Nuevo Chimbote, ya no bastarán los comunicados.

Y también hay que hablar del gobernador regional de Áncash, Noriega Brito. ¿Dónde está? Parece escondido. Esperando que pase el tiempo. Esperando terminar su gestión. Como si gobernar fuera simplemente dejar correr el reloj hasta irse.

Áncash necesita liderazgo. Pero lo que vemos es una administración apagada, burocrática y sin presencia política real en los momentos clave.

¿Y nuestros congresistas? Bueno… terminó la campaña electoral y desaparecieron. Vinieron a pedir votos con sonrisas, abrazos y promesas de cambio. Juraron defender la provincia del Santa. Juraron luchar por el desarrollo. ¿Y qué dejan? Un Puerto de Chimbote estancado. El proyecto Proyecto Especial Chinecas empantanado. Infraestructura vulnerable. Y una provincia que sigue esperando inversiones serias. Entraron haciendo poco por el pueblo. Y se van dejando poco para el pueblo. Así de simple.

Mientras tanto, el dengue ya está tocando la puerta. En Casma ya se reportaron 17 casos confirmados, de los cuales 16 son autóctonos, es decir, el contagio ocurrió dentro de la propia provincia. 9 pacientes presentaron signos de alarma y 15 necesitaron hospitalización. En Nuevo Chimbote, brigadas de salud detectaron 15 viviendas con larvas del Aedes aegypti.

Eso ya debería prender todas las alarmas. Porque el vínculo es claro: Más calor + más agua acumulada + más abandono = más dengue. Y si El Niño golpea con fuerza, la provincia del Santa podría enfrentar una tormenta perfecta: lluvias, desbordes, colapso sanitario, plagas y crisis económica.

Pero quizá lo más preocupante no sea el clima. Lo más preocupante es la resignación del pueblo. Nos hemos acostumbrado demasiado a sufrir y después agradecer migajas. Nos acostumbraron a celebrar que llegue una cisterna, una motobomba o una calamina, cuando eso no soluciona el problema de fondo.

No. Ya basta. La provincia del Santa necesita exigir hoy lo que le corresponde: limpieza inmediata de drenes y cauces, maquinaria operativa, identificación de zonas críticas, defensa ribereña y un verdadero plan de contingencia.

Porque cuando llegue El Niño, ya será tarde para discursos. Y que quede claro desde ahora: Si ocurre una tragedia en Nepeña, en Chimbote, en Nuevo Chimbote, en Samanco o en cualquier distrito de la provincia del Santa, la responsabilidad tendrá nombres y apellidos. Será responsabilidad de alcaldes que no previnieron. Será responsabilidad del gobernador regional que prefirió esconderse. Será responsabilidad de congresistas que desaparecieron tras la campaña. Después no digan que nadie advirtió. Porque esta vez, la advertencia ya está hecha. La pregunta es otra: ¿Vamos a reaccionar ahora… o vamos a esperar, otra vez, a que el agua nos llegue al cuello?