Opinión

36 Años después

Por: FERNANDO VALDIVIA CORREA.

España´82 había sido la última copa del mundo donde nuestro seleccionado participó, quedando eliminados en fase de grupos con apenas dos puntos, aunque empatándole a la entonces poderosa Italia, que a la postre salió campeón. 36 años tuvieron que pasar, esta vez en Rusia´2018, para estar nuevamente en el álbum de Panini, pero nuevamente regresando temprano a casa, siendo reconocidos como la hinchada más elocuente y masiva en los estadios donde nos tocó jugar (entendible con más de tres millones de compatriotas residiendo en el extranjero, aunque para Roberto Sánchez sus votos en las elecciones de segunda vuelta no valieran nada). Pero no, este artículo no trata de futbol; sin embargo, no deja de sorprender este mundial con Cabo Verde, una pequeña nación africana que no supera el medio millón de habitantes, con un Vozinha en los pasos a los octavos de final arrebatándole una y otra vez el balón de los pies al mismísimo Messi, y que estuvo a poco de enviar de retorno a la albiceleste.

De vuelta a la realidad, érase junio de 1990, y un desconocido ingeniero agrónomo de 51 años, irrumpía en la arena política derrotando contundentemente al célebre escritor Mario Vargas Llosa, obteniendo para la incredulidad de muchos la Presidencia de la República. Tras cuatro años, Alberto Fujimori se divorció de Susana Higuchi, asumiendo el rol de primera dama la hija mayor, Keiko Sofía con tan solo 19 años. A la caída del régimen, en noviembre de 2000, Keiko, ya con 25 años, abandonaba Palacio de Gobierno en solitario junto a sus mascotas.

Pronto enrumbó hacia los Estados Unidos, culminando satisfactoriamente sus estudios universitarios, noviazgo, matrimonio, e hijas. En el 2006, postuló al Congreso de la República, siendo la más votada. Luego de un lustro, decidió dar el salto a la Jefatura de Estado, repitiendo consecutivamente en el 2016 y 2021. En ese lapso anduvo en prisión cerca de quinientos días, injustamente según lo corroboró posteriormente el Tribunal Constitucional al concluir que la imputación en su contra (caso Cócteles) no era considerada delito.

Y lejos de pretender venganza en la campaña electoral, demostró lo contrario: serenidad. No respondió agravio alguno (y vaya que fueron varios), Esto, sumado a la coherencia política en el discurso (sin mutar las propuestas, como sí ocurrió con su oponente Roberto Sánchez), determinó que la población mayoritariamente decidiese por ella. Y fue así. El pasado viernes, el pleno del Jurado Nacional de Elecciones la proclamó como Presidente electa. De inmediato recibió saludos de los principales líderes internacionales como Giorgia Meloni de Italia, y el Secretario General de la OEA, Albert Ramdin, entre otros.

Sus primeras palabras, vía redes sociales, fueron “recibo con profundo agradecimiento la confianza que millones de peruanos han depositado en mí. Empieza una nueva etapa. La asumimos con responsabilidad, humildad y un profundo sentido del deber”.

Alberto, hace 36 años, tuvo la enorme tarea de liberarnos de las garras del terrorismo, controlar la desbordante hiperinflación, insertarnos en los mercados internacionales, etc. Y lo hizo. Hoy Keiko, coincidentemente con 51 años, tiene sobre sus hombros el titánico reto de enrumbarnos al crecimiento económico por encima de este magro 3% anual, reducción gradual de la pobreza (principalmente la pobreza extrema), con programas sociales que de veras lleguen a los más necesitados, mayor ejecución de obras para la construcción de carreteras, hospitales, y escuelas, de la forma más transparente, etc. Y lo hará, por ella, su familia, y el bien de todos los peruanos.