La situación de la Compañía de Bomberos Salvadora N.° 33 de Chimbote debe convertirse en una prioridad para las autoridades locales y regionales. No se trata de una obra ornamental ni de una inversión destinada a mejorar la imagen de una institución. Se trata de garantizar que quienes están llamados a salvar vidas puedan trabajar en condiciones mínimas de seguridad. Si el propio local que alberga a los bomberos presenta riesgo estructural, entonces estamos frente a un problema que no admite más postergaciones.
El informe técnico elaborado por un especialista en estructuras es contundente: seis columnas de la infraestructura necesitan ser reforzadas con urgencia para reducir el riesgo de colapso ante un eventual sismo. Además, existen paredes agrietadas que también requieren intervención. La antigüedad del edificio, que supera los cincuenta años, explica en buena medida el deterioro acumulado, pero no justifica la inacción de las autoridades responsables de brindar apoyo a una institución que presta un servicio esencial a toda la población.
La preocupación aumenta porque el jefe de la compañía ha señalado que el financiamiento para la evaluación estructural provino de donaciones y aportes gestionados por los propios bomberos. Es decir, una institución que vive de la solidaridad ciudadana ha tenido que costear el diagnóstico para demostrar que su local necesita una intervención urgente. Ahora viene el problema más complejo: encontrar quién financie las obras de reforzamiento.
Mientras tanto, la solución integral continúa atrapada en la burocracia. Existe un convenio marco firmado entre el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú y la Municipalidad Provincial del Santa, pero todavía falta suscribir el convenio específico que permita desarrollar el proyecto integral mediante la modalidad de Obras por Impuestos. Ese proyecto contempla no solo la renovación de la infraestructura, sino también la adquisición de unidades móviles y equipamiento.
Sin embargo, todos sabemos que un proyecto de esa magnitud requiere tiempo. Entre la elaboración del expediente técnico, la búsqueda de financiamiento, los procedimientos administrativos y la ejecución de la obra, pueden transcurrir varios años. Los bomberos no pueden permanecer durante ese periodo en un edificio que un informe técnico considera vulnerable.
La situación resulta aún más preocupante porque la compañía ya no cuenta con una ambulancia operativa. La unidad existente, con aproximadamente medio siglo de servicio, ha llegado al final de su vida útil y los especialistas han determinado que resulta más conveniente reemplazarla que seguir invirtiendo en reparaciones. Esto significa que la capacidad de respuesta frente a emergencias también se encuentra disminuida.
Nos acercamos, además, a una coyuntura especialmente delicada. Los organismos especializados mantienen la vigilancia sobre la posible presencia de un evento de El Niño Costero, escenario que históricamente incrementa las emergencias por lluvias, inundaciones, accidentes y desastres. Precisamente en esas circunstancias el trabajo de los bomberos adquiere mayor importancia y demanda mayor capacidad operativa.
Por ello, mientras se concreta el proyecto integral impulsado por la Municipalidad Provincial del Santa, corresponde que el Gobierno Regional de Áncash, la Subregión El Pacífico, el Instituto Nacional de Defensa Civil y otras entidades públicas articulen una solución inmediata para financiar el reforzamiento estructural del local y atender la necesidad de una nueva ambulancia. No se trata de un gasto, sino de una inversión en seguridad ciudadana.
Los bomberos siempre responden cuando la comunidad los necesita. Hoy es la comunidad, representada por sus autoridades, la que debe responder con la misma rapidez. Esperar a que ocurra una tragedia para recién actuar sería una irresponsabilidad que nadie podría justificar.

