La lucha contra el dengue no depende únicamente de los hospitales, los centros de salud o las campañas que organizan las autoridades sanitarias. Depende, sobre todo, de la participación de la población. Por ello, preocupa profundamente que durante el tercer control larvario realizado por la Red de Salud Pacífico Sur en el sector de Villa María, en Nuevo Chimbote, más de 2,300 viviendas permanecieran cerradas y otras 999 se negaran a permitir el ingreso del personal de salud encargado de las labores preventivas.
Las cifras son alarmantes porque reflejan una realidad que ya se ha vivido anteriormente y de la cual no se han aprendido las lecciones. Hace apenas un par de años, cuando el dengue empezó a consolidarse como un serio problema de salud pública en nuestra región, situaciones similares ocurrieron en Casma y en San Jacinto. En ambos lugares, numerosas familias impidieron el ingreso de los inspectores sanitarios, dificultando la identificación y eliminación de criaderos del zancudo Aedes aegypti. Los resultados fueron previsibles: el número de casos aumentó y el control de la enfermedad se hizo mucho más complejo.
No se trata de una simple visita domiciliaria. Los inspectores cumplen una labor técnica fundamental. Revisan depósitos de agua, baldes, tanques, cilindros, floreros y cualquier recipiente donde pueda reproducirse el mosquito transmisor del dengue. Además, orientan a las familias sobre las medidas preventivas, los síntomas de la enfermedad y la importancia de acudir oportunamente a un establecimiento de salud. Impedir su ingreso significa cerrar una importante barrera de prevención.
Resulta contradictorio que muchas personas exijan una respuesta inmediata cuando aparecen los brotes, pero al mismo tiempo rechacen las acciones que precisamente buscan evitar que esos brotes ocurran. La prevención siempre será menos costosa, menos dolorosa y mucho más efectiva que atender las consecuencias de una epidemia.
Más preocupante aún es que, pese a las limitaciones encontradas, las brigadas detectaron 35 viviendas con presencia del vector del dengue entre las 1,359 inspeccionadas. Esto demuestra que el riesgo es real y que el mosquito continúa circulando en la zona. Basta un pequeño recipiente con agua acumulada para que el insecto complete su ciclo de reproducción y ponga en peligro a toda una comunidad.
Las autoridades sanitarias también tienen el reto de fortalecer la comunicación con la población. Es evidente que todavía existen personas que desconfían del personal de salud o desconocen la importancia de estas intervenciones. Una mejor estrategia informativa, apoyada por las municipalidades, dirigentes vecinales, instituciones educativas y medios de comunicación, puede contribuir a reducir esa resistencia y generar mayor conciencia ciudadana.
En Nuevo Chimbote ya se han reportado casos de dengue. Aunque el número aún es reducido, la experiencia demuestra que la enfermedad puede expandirse rápidamente si se descuidan las medidas preventivas. El clima y las condiciones ambientales favorecen la reproducción del mosquito, por lo que no hay espacio para la indiferencia.
Abrir la puerta al personal de salud no es un favor que se le hace al Estado. Es un acto de responsabilidad con la propia familia y con los vecinos. El dengue no distingue edades ni condiciones sociales. La única forma de enfrentarlo con éxito es mediante un esfuerzo conjunto entre autoridades y ciudadanía. La prevención empieza en cada hogar, y una puerta cerrada puede convertirse en la oportunidad que necesita el mosquito para seguir propagándose.

