El triple asesinato ocurrido en el distrito de Coishco ha vuelto a sacudir la conciencia de toda la provincia del Santa. Tres mujeres de una misma familia fueron asesinadas a balazos dentro de su propia vivienda, un hecho que revela el nivel de violencia e impunidad que ha alcanzado el crimen organizado en nuestra zona. Mientras hoy sus familiares les dan el último adiós, la población vuelve a formular la misma pregunta que ha acompañado tantos casos similares: ¿habrá justicia o este crimen terminará archivado en la larga lista de asesinatos sin resolver?
La Policía Nacional informó sobre la captura de un mototaxista que habría trasladado a los sicarios hasta el lugar del crimen. Sin duda, se trata de un avance dentro de las investigaciones, pero está muy lejos de significar que el caso haya sido esclarecido. La ciudadanía espera respuestas mucho más contundentes: conocer quiénes ordenaron el crimen, cuál fue el móvil, quiénes ejecutaron los disparos y, sobre todo, que todos los responsables reciban una condena ejemplar.
Las conferencias de prensa ofrecidas por los altos mandos policiales buscan transmitir tranquilidad, pero difícilmente convencen cuando la experiencia demuestra que numerosos crímenes de gran impacto jamás llegaron a resolverse. La memoria colectiva todavía recuerda el asesinato de cinco personas en el sector Las Quintanas, en Nuevo Chimbote, un caso que conmovió a toda la región y que, pese al tiempo transcurrido, continúa sin un desenlace satisfactorio para las familias de las víctimas.
Ese antecedente alimenta hoy la incertidumbre. No basta con anunciar capturas preliminares ni con informar sobre diligencias en curso. Lo que exige la ciudadanía son resultados concretos y procesos de investigación que culminen con sentencias firmes. Cada crimen que permanece impune fortalece a las organizaciones criminales y debilita la confianza de la población en las instituciones encargadas de brindar seguridad.
Resulta inevitable preguntarse también por el trabajo de inteligencia policial. La lucha contra el sicariato no puede limitarse a actuar después de consumados los asesinatos. La verdadera eficacia de la inteligencia consiste en anticiparse, identificar a las bandas criminales, conocer sus movimientos, interceptar sus redes de apoyo y evitar que los atentados ocurran. Cuando tres mujeres son ejecutadas dentro de su vivienda, queda en evidencia que los mecanismos preventivos han fallado.
La inseguridad ciudadana requiere mucho más que operativos ocasionales o reuniones de emergencia. Se necesita fortalecer las unidades de inteligencia, dotarlas de recursos, tecnología y personal especializado, así como mejorar la coordinación con el Ministerio Público para que las investigaciones no se diluyan con el paso del tiempo.
El dolor de las familias de Coishco merece respeto, pero también merece justicia. La sociedad no puede acostumbrarse a que los asesinatos se conviertan en simples estadísticas ni aceptar que los responsables desaparezcan en la impunidad. Las autoridades tienen hoy la obligación de demostrar que este triple crimen no seguirá el mismo camino de otros casos que nunca fueron esclarecidos.
La confianza pública solo podrá recuperarse cuando las investigaciones concluyan con la identificación de los autores materiales e intelectuales, su procesamiento y una sanción ejemplar. Hasta entonces, las palabras y las conferencias de prensa seguirán siendo insuficientes frente al legítimo reclamo de una población que exige vivir sin miedo.

