Editorial

Puentes que no pueden seguir esperando

La alerta emitida por Ositrán sobre el estado crítico de los puentes Coishco y Carrizal no puede pasar desapercibida. No se trata de un informe técnico más ni de una advertencia rutinaria. Se trata de una llamada de atención que involucra la seguridad de miles de personas que diariamente transitan por la carretera Panamericana Norte y que, una vez más, pone en evidencia la demora del Estado para atender infraestructura estratégica.

Lo más preocupante es que esta situación no es nueva. El propio organismo regulador ha señalado que viene alertando desde el año 2018 sobre el deterioro de decenas de puentes en las carreteras concesionadas. Han transcurrido ocho años y de los 99 puentes identificados inicialmente con necesidad de una intervención mayor, apenas seis han sido atendidos. El resto continúa esperando decisiones, presupuestos y obras que nunca llegan con la rapidez que exige el interés público.

En nuestra región, los casos de Coishco y Carrizal son especialmente sensibles. Ambos requieren ser reemplazados, según la plataforma “Puentes en Alerta” de Ositrán. No hablamos de simples trabajos de mantenimiento o reparaciones menores, sino de estructuras cuya condición demanda una sustitución integral. Sin embargo, pese a los oficios enviados al Ministerio de Transportes y Comunicaciones y al concesionario correspondiente, no existe una respuesta concreta sobre cuándo comenzarán las obras.

La preocupación aumenta porque estas advertencias coinciden con los pronósticos de un posible Fenómeno El Niño. Cada temporada de lluvias intensas pone a prueba la resistencia de puentes, carreteras y defensas ribereñas. Esperar a que ocurra una emergencia para recién actuar sería repetir un error que el país ha cometido demasiadas veces. La experiencia demuestra que reconstruir después de un desastre resulta mucho más costoso que prevenirlo.

No deja de llamar la atención que todavía existan puentes Bailey instalados como solución temporal tras el fenómeno de 2017. Lo temporal, en el Perú, suele convertirse en permanente. Esa costumbre refleja una preocupante falta de planificación y de continuidad en la ejecución de obras públicas. Mientras tanto, la infraestructura envejece y los riesgos aumentan.

También es importante recordar que, según los contratos de concesión, las intervenciones mayores corresponden al Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Por ello, no basta con trasladar responsabilidades entre entidades. El MTC debe asumir el liderazgo que le corresponde y establecer un cronograma público para el reemplazo de estas estructuras, priorizando aquellas que han sido calificadas como críticas por el propio regulador.

Los puentes Coishco y Carrizal forman parte de un corredor vial fundamental para la economía del norte del país. Por ellos circulan vehículos de carga, transporte interprovincial, ambulancias y miles de ciudadanos. Su adecuado funcionamiento no solo garantiza la conectividad, sino también la protección de vidas humanas.

Las alertas técnicas están dadas. Los informes existen. Los riesgos han sido identificados. Lo único que falta es la decisión política para ejecutar las obras antes de que la naturaleza vuelva a recordarnos, de la manera más dolorosa, que la prevención siempre cuesta menos que lamentar una tragedia.