Editorial

Reorganizar para fortalecer, no para improvisar

La decisión del Gobierno de declarar en reorganización al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) durante un plazo de 120 días marca un hecho político y administrativo de gran relevancia. No solo porque se trata del sector encargado de conducir las políticas agrarias del país, sino porque es el primer ministerio del nuevo gobierno en ser sometido a un proceso formal de evaluación institucional. El mensaje es claro: antes de emprender nuevas reformas, resulta indispensable revisar el funcionamiento interno de la entidad.

El Decreto Supremo N.º 008-2026-MIDAGRI no plantea una reestructuración improvisada ni una intervención política. Su contenido apunta a un diagnóstico técnico de los instrumentos de gestión, de la estructura organizacional, del planeamiento estratégico, del presupuesto, de la inversión pública y de otros aspectos que permitan fortalecer la capacidad rectora del ministerio. Es decir, busca determinar si la institución está realmente preparada para cumplir con las responsabilidades que la ley le asigna.

No deja de ser significativo que la propia norma reconozca la existencia de debilidades en el ejercicio de la rectoría del sector. El decreto menciona expresamente que estas limitaciones han sido identificadas mediante el análisis de los instrumentos de gestión, el seguimiento a la Política Nacional Agraria e incluso estudios de organismos internacionales como la OCDE. No se trata, por tanto, de una percepción política, sino del reconocimiento de problemas estructurales que vienen acumulándose desde hace varios años.

El sector agrario enfrenta desafíos enormes. La seguridad alimentaria, la infraestructura de riego, el manejo eficiente del agua, la sanidad agrícola, la investigación y la transferencia tecnológica requieren instituciones sólidas y procesos ágiles. Ninguna política pública tendrá éxito si la entidad responsable carece de una organización eficiente o de mecanismos modernos de gestión.

Sin embargo, toda reorganización genera expectativas que deberán traducirse en resultados concretos. Los 120 días establecidos por la norma deberán servir para producir un diagnóstico serio y, sobre todo, propuestas viables. No bastará con elaborar informes si estos terminan archivados, como ha ocurrido en otras oportunidades con diversas entidades públicas. La verdadera prueba será que las recomendaciones se conviertan en reformas administrativas que mejoren los servicios que el ministerio brinda a millones de productores agrarios del país.

También resulta inevitable observar este hecho desde una perspectiva más amplia. El Perú cuenta actualmente con 19 ministerios, una cifra que muchos consideran excesiva para la dimensión del Estado y las necesidades reales de gestión. Ese debate merece un análisis propio y profundo, pues involucra criterios de eficiencia, gasto público y organización del Poder Ejecutivo. Pero, al margen de esa discusión, lo cierto es que cualquier estructura estatal, grande o pequeña, debe funcionar con eficiencia, transparencia y orientación al ciudadano.

La reorganización del MIDAGRI puede convertirse en un precedente importante. Si el proceso demuestra que es posible fortalecer la institucionalidad mediante una revisión técnica de los instrumentos de gestión y de la organización interna, otros sectores del Estado podrían seguir el mismo camino. Lo fundamental será que esta iniciativa no quede como un simple anuncio, sino que se traduzca en una administración pública más eficiente, capaz de responder a las demandas del país y, especialmente, de quienes viven y trabajan en el campo peruano.