Opinión

Amor a la mejicana

Por: FERNANDO VALDIVIA CORREA.

En toda la campaña electoral pasada, Keiko Fujimori enfatizó que de llegar al poder no cabría odios ni venganzas, a pesar de las injusticias que le tocó vivir al estar presa ilegalmente cerca de quinientos días por imputaciones que nunca constituyeron delitos. Transcurrido poco más de una semana, la mandataria cumple su promesa y otorgó el salvoconducto a Bettsy Chávez, arribando a México en la mañana del viernes último.

Rememoremos que Chávez fungía de Premier cuando el 7 de diciembre de 2022, presenciaba como Pedro Castillo anunciaba un golpe de estado, inmediatamente abortado. Como consecuencia, Castillo fue encarcelado en Barbadillo, y a fines de noviembre de 2025 sentenciado a 11 años y 5 meses. La misma pena recibió Betssy, solo que antes de ser detenida optó por asilarse en la embajada azteca. La Cancillería protestó enérgicamente y rompimos relaciones diplomáticas con la nación norteamericana. Entonces, Betssy quedó bajo la custodia de la delegación brasilera.

Ya como Presidente electa, Fujimori entró en contacto con funcionarios mejicanos, dando su palabra que en el cargo evaluaría el pedido de Chávez. Entendemos que este análisis debió ser jurídico y político. De lo primero, la Convención sobre Asilo Diplomático, o también llamada la Convención de Caracas (no de Paracas como ha referido recientemente Walter Ayala, uno de los tantos letrados de Pedro Castillo), expresa por un lado que no debe otorgarse asilo a quien esté procesado o condenado por delitos comunes, y de otro, confiere al Estado asilante la calificación de la naturaleza del delito. Y si bien está evidenciado que al momento de refugiarse, Betssy ya estaba sentenciada, lo cierto es que México no creyó lo mismo. En suma, para los paisanos de Pedro Infante, la conspiración para la rebelión no es ilícito. De lo segundo, es clara la fijación de Claudia Sheinbaum (antes con AMLO) en insistir en la libertad de Castillo, calificándolo de preso político (que por cierto, ha vuelto a recordarlo el mismo viernes). Y a esto, seguir manteniendo la inercia respecto de la situación de Chávez, condicionándose entre líneas al restablecimiento de las relaciones diplomáticas, era literalmente un problema, mayor para el Perú (el año que nos dejó, exportamos productos por más de US$ 1,000 millones, y les compramos US$ 1,600 millones). Y llegó a la memoria el antecedente más cercano: Nadine Heredia. Lula era férreo opositor a Dina Boluarte, también en pro del ilustre hijo chotano. El día de la lectura de condena a Ollanta, su cónyuge se refugió en la embajada carioca, y Boluarte autorizó la salida del país. A partir de ese día, Da Silva dejó de entrometerse en asuntos internos.

Con este panorama, se le dio el pase de abordaje, no sin antes dejarle en claro a Sheinbaum que no están entregando a una perseguida política, y que nos reservamos el derecho a que posteriormente pueda solicitarse su extradición. Y para que esto último ocurriese, la Corte Suprema deberá ratificar la sanción impuesta.

Como era de prever, los polos se invirtieron en este espinoso tema. Renovación Popular cuestionó la decisión adoptada, en tanto que en la acera de al frente; es decir, para la izquierda la noticia fue recibida entre inicial incredulidad y luego el beneplácito. La desazón fue para cuestionados personajes como Roberto Sánchez (por si acaso fue oponente de Fujimori Higuchi en la segunda vuelta), o Verónika Mendoza, pues los réditos obtenidos eran logrados mientras estuviera en cautiverio. Ya en libertad (así fuese en otro lugar) no servirán las arengas.

Y, en paralelo, desde el acostumbrado programa “La Mañanera”, Sheinbum confirmó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. A los minutos, en Junín, la Presidente afirmó que prontamente se nombrarán los respectivos embajadores.

Es evidente que esta normalización política significará mayor flujo comercial (incluyendo turismo desde y hacia), así como mejor posicionamiento a nivel internacional. Ello, en tanto Betssy empiece a disfrutar de los placeres como refugiada pagados con el bolsillo de los herederos de Frida Kahlo.