Por : Walter Miguel Quito Revello
Hay imágenes que deberían preocuparnos mucho más de lo que nos están preocupando. En Chimbote, numerosos pelícanos están llegando a los muelles y playas en busca de alimento. Algunos se encuentran debilitados y otros han muerto. No estamos frente a un hecho anecdótico. Cuando las aves marinas abandonan sus lugares habituales para buscar comida, debemos preguntarnos qué está ocurriendo mar adentro.
La anchoveta es una especie fundamental para el ecosistema marino peruano. Forma parte de una cadena alimentaria que comienza con el afloramiento de aguas ricas en nutrientes, continúa con el fitoplancton y zooplancton y llega hasta peces, aves y mamíferos marinos.
Por eso, cuando la anchoveta se desplaza, disminuye su disponibilidad o cambia la dinámica del ecosistema, las consecuencias pueden multiplicarse. Y eso es precisamente lo que debería preocuparnos en Chimbote.
El problema no termina con la muerte de un pelícano. La pesca también forma parte de esta cadena. Durante décadas, la anchoveta y otros recursos marinos han sostenido a miles de familias, generando empleo para pescadores, comerciantes, transportistas, trabajadores de plantas industriales y una extensa cadena económica.
Pero existe otra consecuencia que muchas veces olvidamos: “El pescado también llega a nuestra mesa” Cuando disminuye la disponibilidad de pescado, se afecta la pesca artesanal, disminuye la oferta y los precios pueden aumentar. Finalmente, quien termina pagando las consecuencias es la familia que necesita alimentos nutritivos y accesibles.
Por eso estamos frente a un problema ambiental, económico y social. IMARPE viene realizando monitoreos para conocer las condiciones oceanográficas y la distribución de la anchoveta. Esa información científica es fundamental. Pero no puede quedarse solamente en informes técnicos. Tiene que convertirse en decisiones. ¿Dónde están nuestras autoridades locales, regionales y nacionales? ¿Qué medidas concretas se están tomando frente a la mortandad de pelícanos y otras especies? ¿Qué está ocurriendo con la temperatura del mar? ¿Dónde está la anchoveta? ¿Cómo está afectando esta situación a los pescadores artesanales? ¿Y qué se está haciendo para garantizar que el pescado siga llegando a precios razonables a las familias?
No basta con recoger aves muertas ni con instalar mesas técnicas. Se necesita una respuesta integral que incluya investigación científica, monitoreo permanente, protección de la pesca artesanal, recuperación ambiental de la bahía El Ferrol y políticas de seguridad alimentaria. Chimbote no puede seguir actuando únicamente cuando la crisis ya está encima.
Nuestra ciudad ha vivido históricamente de cara al mar. El mar nos dio alimento, empleo, industria y desarrollo. Pero también nos está enviando señales que no podemos ignorar. El pelícano que llega hambriento al muelle no es solamente un ave buscando comida. Es una señal de alarma. Y si la cadena ecológica se rompe, las consecuencias terminarán llegando también a nosotros. Primero serán los pelícanos. Después, los pescadores. Luego, los comerciantes. Finalmente, nuestras propias familias.
Por eso las autoridades tienen la obligación de actuar ahora, antes de que el problema sea irreversible. No estamos hablando solamente de pelícanos. Estamos hablando del mar, de nuestra economía, de nuestra alimentación y, en definitiva, del futuro de Chimbote.

