Editorial

Un Ministro no puede venir a Chimbote a espaldas del Gobierno Regional

La visita del ministro de Salud, Luis Dyer, a Chimbote dejó mucho más que anuncios y recorridos por los hospitales. Dejó también una situación incómoda que no debería repetirse: un ministro de Estado visitando establecimientos de salud que dependen administrativamente del Gobierno Regional de Áncash sin que las autoridades regionales hayan sido informadas oportunamente.

Dyer recorrió cuatro hospitales, uno dentro de sus competencias. Otro de ellos, San Jacinto, como forma parte del Ejecutivo,  allí pudo abrir una posibilidad concreta de solución. El problema, según se explicó, es fundamentalmente presupuestal y el ministro, como integrante del Ejecutivo, puede gestionar recursos. Incluso utilizó una expresión bastante gráfica: habría que “rascar la olla” para encontrar el dinero que permita culminar la obra.

Pero en los hospitales La Caleta y Regional de Nuevo Chimbote la situación fue diferente. Allí el ministro podía observar, escuchar y recoger información, pero las decisiones administrativas corresponden al Gobierno Regional y a la Dirección Regional de Salud.

Y es precisamente en estos dos establecimientos donde se produjeron los hechos que luego fueron denunciados públicamente por el director regional de Salud, Ricardo Natividad Coyas.

A estas alturas no estamos para enfrentamientos. Mucho menos para cerrar puertas. El sistema de salud necesita coordinación, diálogo y voluntad política, porque los problemas son demasiado grandes como para que las autoridades se dediquen a marcar territorios o protagonizar desencuentros.

Por eso resulta lamentable que el Gobierno Regional no haya tenido conocimiento oportuno de la visita. Según lo señalado por el propio director de la Diresa, nadie en los hospitales La Caleta y Regional estaba enterado del arribo del ministro. Incluso se había anunciado una conferencia de prensa del Ministerio de Salud para las tres de la tarde en el Hospital Regional y, según se conoció, en el propio nosocomio desconocían esa convocatoria.

Peor aún, Natividad Coyas sostuvo que la única persona que conocía los detalles de la visita era la diputada María Gamarra Pita y la responsabilizó por los incidentes que se produjeron con su persona, incluyendo el impedimento para ingresar.

Si eso ocurrió así, es algo que debe aclararse. No es aceptable que una visita de un ministro de Estado termine convertida en un episodio de puertas cerradas, exclusiones y acusaciones. Las autoridades regionales pueden tener diferencias políticas con el Ejecutivo o con los congresistas, pero los hospitales no pueden convertirse en escenarios de esas disputas.

También hubo anuncios importantes. El ministro Dyer señaló que su gestión priorizará mecanismos como las Obras por Impuestos y que esa vía podría permitir la culminación del Hospital El Progreso. Sin embargo, cuando se le preguntó por el Pronis, indicó que el programa se encuentra en reorganización y no ofreció mayores detalles.

La preocupación es mayor en el caso del Hospital La Caleta. El Gobierno Regional de Áncash ha suscrito un convenio con la ANIN para la ejecución del nuevo hospital y se ha hablado de una inversión cercana a los 1,900 millones de soles. El gobernador regional ha señalado que buscaría que el Ejecutivo financie aproximadamente la mitad de ese monto.

Después de escuchar al ministro y conocer sus prioridades, no parece sencillo que esos recursos lleguen con la rapidez que se necesita. Y eso debería preocuparnos a todos, porque La Caleta no puede seguir esperando.

Dyer, sin embargo, puso el dedo en la llaga cuando habló del Hospital Regional. Dijo que han pasado aproximadamente 40 años sin un verdadero recambio de instrumentos médicos y equipos. El tomógrafo recientemente incorporado, además, es producto de una donación. El ministro reconoció que se iba preocupado por lo que había visto. En eso tiene toda la razón.

Y hay otro anuncio que sí merece ser tomado con seriedad: la instalación de un hospital de campaña ante el riesgo de que los establecimientos de salud colapsen frente a los efectos del fenómeno El Niño. Si se cumple, será una medida necesaria y oportuna.

La visita del ministro, entonces, tuvo de todo: anuncios, preocupaciones, compromisos y también desencuentros.

Pero una cosa debe quedar clara: los hospitales no tienen dueño político. Son de los ciudadanos. Por eso resulta inexplicable que un ministro pueda recorrer establecimientos de salud de Áncash sin que las autoridades responsables de esos hospitales conozcan previamente su llegada.

Si el objetivo es resolver los graves problemas de salud de nuestra región, se necesita coordinación y no personalismos. Se necesita abrir puertas, no cerrarlas. Se necesita trabajar juntos, aunque existan diferencias políticas.

Porque si la visita de un ministro termina pareciendo una actividad organizada para unos cuantos y a espaldas de las autoridades regionales, entonces algo se está haciendo mal.

Chimbote y Áncash necesitan soluciones, no protagonismos. Y en materia de salud, ya hemos esperado demasiado.