La advertencia formulada desde la Sunass no debería pasar desapercibida. La jefa de la oficina de este organismo en Chimbote, la ingeniera sanitaria Madeleyne Lorena Guanilo Lecca, ha puesto sobre la mesa una realidad que las autoridades de Áncash no pueden darse el lujo de minimizar: más de 85 mil conexiones administradas por Sedachimbote podrían verse afectadas ante escenarios de lluvias intensas asociadas al fenómeno El Niño 2026-2027.
No estamos hablando de una posibilidad remota ni de un problema que pueda atenderse cuando las aguas ya hayan ingresado a las ciudades. Estamos hablando de miles de familias de Chimbote, Nuevo Chimbote, Casma y Huarmey que podrían quedarse sin agua potable o enfrentar problemas en el sistema de alcantarillado justamente cuando las condiciones climáticas sean más adversas.
Las cifras son contundentes. En Chimbote están en riesgo hasta 36 872 conexiones y en Nuevo Chimbote otras 37 028. En Huarmey son 9 766 y en Casma 1 390. Detrás de cada conexión hay hogares, colegios, establecimientos de salud, comercios y actividades económicas que dependen de un servicio esencial.
Pero quizá lo más preocupante sea que los puntos críticos ya están identificados. Las inmediaciones del río Lacramarca concentran infraestructura vulnerable, entre líneas de impulsión, aducción y captación. También existe el riesgo de ingreso de sedimentos a buzones y cámaras de bombeo, con la posibilidad de generar aniegos, reboses de aguas residuales y contaminación ambiental.
Y hay un dato que debería encender todas las alarmas: una eventual falla en la línea emisora de la cámara San Pedro podría restringir el servicio a más de 18 mil conexiones y afectar aproximadamente a 60 mil habitantes.
Entonces, la pregunta inevitable es: ¿qué estamos esperando?
La experiencia demuestra que en Áncash muchas veces reaccionamos después del desastre. Se limpia cuando el huaico ya bloqueó una vía, se reparan tuberías después de que colapsaron, se solicitan recursos cuando la emergencia ya está instalada y se convocan reuniones cuando la población ya está padeciendo las consecuencias.
Esta vez no puede ocurrir lo mismo.
La Sunass está cumpliendo con advertir, identificar riesgos y promover coordinación. Sedachimbote también ha identificado acciones prioritarias, como la limpieza de lagunas de presedimentación, protección de pozos y reservorios, adquisición de insumos químicos y fortalecimiento de sus brigadas.
Pero identificar las acciones no basta. Lo verdaderamente importante es ejecutarlas.
El Niño no va a esperar trámites, informes, expedientes ni reuniones interminables. Las lluvias tampoco preguntarán qué institución tenía competencia sobre determinada infraestructura. Cuando llegue una emergencia, la población simplemente exigirá agua, saneamiento y una respuesta rápida.
Por eso, esta seria advertencia de la Sunass debe convertirse en una exigencia para las autoridades regionales, municipales y para Sedachimbote. Hay información, existen escenarios de riesgo y se conocen los puntos vulnerables. Lo que falta es decisión y capacidad para actuar oportunamente.
Áncash no puede volver a lamentarse después de la emergencia por no haber hecho lo necesario antes.
Prevenir cuesta menos que reparar. Y en materia de agua potable y saneamiento, prevenir no es una opción secundaria: es una obligación.
Si sabemos dónde está el riesgo, sería una grave irresponsabilidad esperar a que ocurra el desastre para recién actuar.
El agua no puede esperar a El Niño. Las autoridades tampoco.

