Editorial

¿Estará el GORE Áncash a la altura del Fenómeno El Niño?

El Gobierno Regional de Áncash acaba de crear, mediante el Decreto Regional N.° 008-2026-GRA/GR, el Comando Regional para la Gestión de la Emergencia por el Fenómeno El Niño 2026-2027. La decisión es, sin duda, necesaria frente a las previsiones de intensas precipitaciones que podrían afectar a buena parte de nuestro territorio. Pero la pregunta que corresponde hacerse ahora es mucho más importante: ¿estará realmente el Gobierno Regional en condiciones de liderar y ejecutar, con la rapidez que se necesita, las acciones preventivas?

Porque crear un comando es relativamente sencillo. Lo verdaderamente difícil es hacerlo funcionar.

El propio decreto establece una extensa relación de prioridades: protección y rehabilitación de carreteras, hospitales, establecimientos de salud, infraestructura agrícola y colegios; limpieza y descolmatación de quebradas; disponibilidad de maquinaria y combustible; instalación de refugios; abastecimiento de medicinas y alimentos, así como medidas sanitarias para enfrentar enfermedades y plagas que puedan aparecer como consecuencia de las inundaciones.

Es una tarea enorme y que no admite improvisaciones.

Áncash no puede darse el lujo de esperar que las lluvias comiencen para recién movilizar maquinaria, identificar zonas críticas, solicitar combustible o determinar qué poblaciones necesitan ayuda. La prevención tiene sentido precisamente porque se ejecuta antes de la emergencia.

El Gobierno Regional tiene ahora una responsabilidad que no puede trasladar a los municipios ni esperar que sea resuelta exclusivamente por el Gobierno Nacional. Si el Comando Regional será encabezado por el gobernador, corresponde que desde esa instancia se ejerza un liderazgo efectivo, con decisiones concretas, responsables identificados y plazos que puedan ser fiscalizados.

Hay que comenzar por lo elemental: ¿cuántas quebradas serán descolmatadas?, ¿cuántos kilómetros de vías están en situación vulnerable?, ¿qué puentes requieren intervención?, ¿qué establecimientos de salud y colegios están expuestos?, ¿dónde se encuentran las zonas de mayor riesgo?, ¿cuánta maquinaria pesada está disponible y en qué condiciones se encuentra?

Son preguntas que deberían tener respuestas antes de que llegue la primera lluvia intensa.

También será necesario evitar que este nuevo comando termine convertido en una instancia burocrática más, dedicada a reuniones, fotografías y comunicados. La población necesita resultados visibles. Necesita saber que las autoridades están trabajando para evitar que una quebrada se convierta en una tragedia, que una carretera quede bloqueada durante días o que una comunidad termine aislada.

La experiencia de anteriores emergencias demuestra que las consecuencias de no prevenir son mucho más costosas que las acciones ejecutadas oportunamente. Cada sol que no se invierte hoy en prevención puede terminar multiplicándose mañana en gastos de rehabilitación y reconstrucción, además del costo humano que ninguna cifra puede compensar.

El decreto también plantea una articulación amplia con municipios, entidades del Gobierno Nacional, empresas privadas, universidades, colegios profesionales, iglesias, rondas campesinas, juntas vecinales, Policía, Ejército y Bomberos. Esa participación será fundamental, pero debe traducirse en responsabilidades concretas. No se trata solamente de reunir a todos alrededor de una mesa, sino de establecer quién hará qué, dónde, cuándo y con qué recursos.

El Fenómeno El Niño no esperará a que la burocracia termine sus procedimientos. Si las previsiones se cumplen, las lluvias llegarán y pondrán a prueba la capacidad de respuesta de nuestras autoridades.

Por eso, la creación del Comando Regional debe marcar el inicio de una etapa de trabajo intenso y no simplemente la aparición de una nueva estructura administrativa.

El Gobierno Regional de Áncash tiene ahora la oportunidad de demostrar que puede ejercer el liderazgo que la situación reclama. Tiene que pasar del anuncio a la acción, del diagnóstico a la prevención y de las reuniones a las obras.

El Niño está a la vuelta de la esquina. Después, cuando las aguas hayan crecido y las quebradas comiencen a desbordarse, ya no habrá tiempo para improvisar. La verdadera evaluación del Comando Regional no será el decreto que lo creó, sino lo que haya hecho antes de que llegue la emergencia.