Editorial

Lacramarca no admite obras de papel

El río Lacramarca está hoy, más que nunca, en la mira de todos. La amenaza del Fenómeno El Niño obliga a mirar con preocupación cada metro de sus márgenes, cada defensa construida y, sobre todo, cada sol invertido para proteger a la población y sus medios de vida. Por eso, el reciente informe de la Contraloría sobre los trabajos ejecutados por la Municipalidad Provincial del Santa no puede pasar como una observación administrativa más.

La alerta es concreta: parte del enrocado colocado en los sectores San José y Santa Clemencia se ha desprendido y presenta vacíos notorios en el cuerpo de los diques. La obra, ejecutada hace apenas unos cinco meses, ya muestra deficiencias que comprometen la protección de las márgenes del río.

Y aquí aparece una pregunta inevitable: ¿para qué se invierten cientos de miles de soles en obras destinadas a enfrentar una emergencia si, antes de que llegue una crecida importante, esas mismas estructuras comienzan a fallar?

La inversión supera los 660 mil soles. No estamos hablando de una pequeña intervención ni de una reparación doméstica. Son recursos públicos destinados precisamente a reducir riesgos frente a lluvias, desbordes y eventuales crecidas del Lacramarca. Sin embargo, la Contraloría señala que la Municipalidad Provincial del Santa no evidencia acciones para hacer efectiva la garantía del contratista.

Eso resulta todavía más preocupante porque la propia normativa establece un periodo de responsabilidad por la calidad de los trabajos y por los vicios ocultos. Es decir, la municipalidad tiene la posibilidad y la obligación de exigir que aquello que fue contratado y pagado cumpla con su finalidad.

No se trata de buscar culpables por buscar culpables. Se trata de defender el dinero público y, principalmente, de proteger a las personas que viven y trabajan cerca del río.

El Lacramarca no es una obra de gabinete. Es un río que, cuando aumenta su caudal, no distingue expedientes, informes, valorizaciones ni trámites burocráticos. Una defensa que presenta desprendimientos cuando las condiciones son relativamente controlables puede convertirse en un problema mucho mayor cuando llegue una creciente.

Y ese es precisamente el momento en que las autoridades deben actuar con firmeza. No mañana, no cuando el agua ya esté golpeando los diques y tampoco después de que ocurra una emergencia.

La Municipalidad Provincial del Santa debe exigir inmediatamente al contratista que responda por las deficiencias advertidas, disponer las evaluaciones técnicas necesarias y garantizar que las estructuras recuperen las condiciones para las cuales fueron construidas. La Contraloría ya puso la alerta sobre la mesa. Ahora corresponde a la autoridad demostrar que sabe escucharla.

Porque si el Fenómeno El Niño nos encuentra con defensas debilitadas, no podremos decir que no fuimos advertidos.

El dinero público no puede terminar convertido en piedras que el río se lleva antes de cumplir su propósito. Y en el Lacramarca, donde están en juego cultivos, viviendas rurales y la seguridad de numerosas familias, una obra deficiente no es solamente un problema de calidad: puede convertirse en un riesgo para todos.

Esta vez no hay espacio para mirar hacia otro lado. El río está avisando. La Contraloría también. Falta que la municipalidad actúe.