POR: MBA, PIER MAGUIÑA ROJAS
¿Son nuestras Instituciones corruptas e incompetentes?, ¿no sentimos realmente a resguardo y amparados por nuestras autoridades públicas? Y, en términos generales, ¿cuánta confianza tenemos los peruanos en nuestra Institucionalidad?
¿Qué tan alto es el índice de confianza en nuestra Policía nacional, en nuestro sistema judicial, nuestro congreso de la república, la Fiscalía, la Contraloría, los partidos políticos, el reparto de la justicia, la Onpe, el Jurado Nacional de Elecciones, entre otros?
Si después de 200 años de “soberanía” nuestra economía sigue sumergido en un modelo ampliamente extractivista es por causa de Instituciones que no funcionan.
Cómo es posible que hayamos normalizado la impunidad y aceptado que la corrupción esté presente en todos los ámbitos de nuestro quehacer ciudadano. No existen Instituciones públicas de la que los peruanos nos podamos sentir particularmente orgullosos o alguna que represente la reserva moral de nuestro país. El BCR, quizá.
Lamentablemente el aparataje público está tan obscenamente politizado y repartido por organizaciones de devaluada reputación, disfrazados de partidos políticos, que ya no hay espacio para la meritocracia, la transparencia y mucho menos gozan de la confianza ciudadana.
La transparencia, la probidad y la civilidad son bienes muy escasos en nuestro país y por el contrario abundan los antivalores. Nuestra clase política no tiene la catadura moral porque no son otra cosa que el espejo en el que, muchas veces nos avergüenza mirarnos.
No es posible que la vida de una persona, a manos de delincuentes a sueldo, no valga nada. Que un completo extraño acabe con tu vida por encargo. Que aceptemos el saqueo de las finanzas públicas a manos de sátrapas y de puros improvisados, de comechados, de cortesanos y de gente que lo único que saben es parasitar del Estado. Pero lo más escalofriante es la indiferencia, la desoladora apatía, y que vivamos en un estado en el que, cada vez más, cada quien se crea con el derecho de hacer, literalmente, lo que se le venga en gana y que actúe con un enorme desprecio por la ley, la norma y las buenas costumbres porque sabe que puede refugiarse en la más desvergonzada impunidad y porque todas las instituciones son corrompibles.
Aunque nos cueste admitirlo, nos acercamos peligrosamente a la definición de que somos, o al menos parecemos, una República Bananera (frase que se acuñó en 1904 para referirse a países políticamente inestables, pobres, corruptos y muy dependientes de un solo recurso), los minerales en nuestro caso, y por Dios que mérito para eso no nos falta.
Camino a 2027 y todavía no hemos sido capaces de resolver el problema del suministro de servicios básicos para millones de peruanos, el 23,4% de nuestra población no cuenta con servicios de alcantarillado. Aproximadamente, 3,5 millones de personas en nuestro país no goza de conexión a la red pública de agua potable y 7,6 millones carece de un sistema público de desagüe para la eliminación de excretas. El 70% del empleo subsiste en la informalidad, la infraestructura parece sacada del final de una guerra mundial, y existe un nivel de inseguridad ciudadana desbordada que ocupa el primer lugar de nuestras preocupaciones. Si todo eso no es tercermundismo no sé cómo más describirlo, porque son el reflejo de una fractura profunda entre el Estado y la ciudadanía.
A lo anterior debemos sumarle el deplorable estado del sistema de salud pública, por causa del ploteo político de Instituciones como ESSALUD, el cada vez más caótico sistema de transporte que opera sin ley ni orden. La catástrofe educativa de la educación pública que el último resultado de las pruebas PISA, entregados en septiembre de este año, no hacen más que refrendar lo rezagados que estamos frente a otras naciones.
El estado y sus Instituciones, una clase política que no sólo desfalca las finanzas públicas, sino que además conspira contra su propia nación no han sido, ni serán capaces de transformar periodos de bonanza en calidad de vida para los millones de peruanos que viven marginados, con una sensación de abandono del estado en su propia patria.
Estamos sentados sobre el futuro del planeta, pero gobernados aún por instituciones y partidos políticos y una clase dirigente que nos avergüenzan. Será entonces de nuestra exclusiva y entera responsabilidad si, este domingo 04 de octubre, confías tu voto a organizaciones políticas manifiestamente corruptas y de cuestionada reputación, que ya han sido derrotadas en la elección presidencial anterior y que se resisten a desaparecer. Tú decides¡!

