Opinión

¿Conocen los candidatos, la Áncash que quieren gobernar?

Por: Walter Miguel Quito Revello

Por estos días escuchamos discursos, promesas y compromisos  de quienes aspiran a gobernar Áncash. Todos nos dicen lo que  harán. Pero hay una pregunta que deberíamos hacerles a todos:  ¿Conocen realmente la región que pretenden gobernar?

Gobernar Áncash no significa conocer solamente Chimbote o  Huaraz, ni recorrer las ciudades durante una campaña. Áncash también es Macate,  Cáceres del Perú, Quillo, las comunidades campesinas, los centros poblados  alejados, las partes altas y las escuelas rurales donde estudian miles de niños. Y aquí  aparece un problema que debería ocupar un lugar central en el debate electoral: “la educación”

Los resultados de PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes)  2025 muestran la magnitud del desafío. En el Perú, solo el 30 % de los estudiantes  de 15 años alcanzó al menos el nivel 2 de competencia en Matemática; en Lectura lo  hizo el 42 % y en Ciencias el 47 %. En las tres áreas, el desempeño peruano estuvo por debajo del promedio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Esto no es solamente una estadística. Detrás de esos porcentajes hay jóvenes que mañana deberán estudiar, trabajar, emprender, utilizar tecnología, comprender información y tomar decisiones.

En Áncash, sin embargo, también hay avances que debemos reconocer. La ENLA (Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje) 2025 reportó mejoras en primaria en nuestra región, al igual que en Ucayali, y registró avances en el ámbito rural a nivel nacional. Pero reconocer avances no significa afirmar que el problema está resuelto. La pregunta es: ¿qué está ocurriendo dentro de Áncash? ¿Qué sabemos exactamente de los niños de Macate? ¿Qué ocurre con los estudiantes de Cáceres del Perú o Quillo? ¿Cuántos terminan primaria comprendiendo adecuadamente lo que leen? ¿Cuántos pueden resolver problemas matemáticos? ¿Cuántos tienen acceso a internet y herramientas digitales? ¿Cuántas escuelas cuentan con infraestructura adecuada? Y, sobre todo, ¿qué está haciendo el Gobierno Regional frente a esas diferencias?

Un candidato puede hablar de Chinecas, del puerto de Chimbote, carreteras, hospitales, agricultura o turismo. Todo ello forma parte de la agenda regional. Pero existe una obra que atraviesa todas las demás: “la formación de nuestros niños y jóvenes”. Podemos construir carreteras, pero necesitaremos jóvenes capaces de aprovechar las oportunidades que generen. Podemos desarrollar Chinecas, pero necesitaremos técnicos, ingenieros, agricultores capacitados y empresarios.

Podemos impulsar el puerto de Chimbote, pero necesitaremos trabajadores preparados. Por eso, al próximo gobernador no deberíamos pedirle solamente que diga “qué obras construirá”. Deberíamos pedirle que explique “qué Áncash quiere encontrar al terminar su mandato”. Que establezca metas verificables: cuánto mejorarán los aprendizajes en Lectura y Matemática, qué hará por las escuelas rurales, cómo reducirá las brechas territoriales, cómo mejorará la conectividad y cuánto costarán esas medidas. Eso sería una propuesta de gobierno. No simplemente una promesa.

Y también debemos mirar hacia atrás. No basta preguntar cuánto dinero se gastó. Hay que preguntar: ¿qué problemas estructurales fueron realmente solucionados? ¿Qué ocurrió con los grandes proyectos regionales? ¿Qué avances hubo en Chinecas? ¿Qué se hizo por la educación rural? ¿Qué resultados pueden demostrarse?

Las respuestas deben encontrarse en presupuestos, documentos públicos, indicadores y evaluaciones. No solamente en propaganda electoral. Áncash necesita conocer a sus candidatos. Pero los candidatos también tienen la obligación de conocer Áncash. Porque gobernar una región no es solamente administrar su presupuesto. Es conocer a su gente. Y, sobre todo, conocer a quienes todavía no tienen voz en una campaña electoral: “nuestros niños y nuestros jóvenes”. Áncash necesita respuestas.