Que el Hospital La Caleta incorpore por primera vez en su historia un médico especialista en Cardiología Pediátrica es, sin duda, una buena noticia para Chimbote y para toda la provincia del Santa. En un sistema público de salud acostumbrado a enfrentar carencias, demoras y derivaciones, la llegada de una especialidad tan necesaria representa un paso que merece ser destacado.
No se trata solamente de sumar un médico más a la larga relación de profesionales que trabajan en un hospital. Se trata de acercar a las familias una atención especializada que hasta ahora no estaba disponible en este establecimiento y que, en determinados casos, obligaba a trasladar a los niños hacia otras ciudades para obtener una evaluación cardiológica.
Y cuando hablamos de niños, particularmente de recién nacidos con sospecha de una cardiopatía congénita, el tiempo puede ser determinante. Una evaluación oportuna puede significar detectar un problema a tiempo, establecer un seguimiento adecuado y determinar rápidamente si el paciente necesita ser referido a un establecimiento de mayor complejidad.
Por eso hay que recibir con beneplácito la incorporación del cardiólogo pediatra al Hospital La Caleta. Pero también debemos preguntarnos por qué una especialidad de esta importancia ha tenido que esperar tantos años para llegar a un hospital que atiende a miles de personas de Chimbote y de otros lugares de Áncash.
La respuesta no debería llevarnos a desmerecer este avance, sino precisamente a exigir que sea el inicio de una etapa diferente. La salud pública no puede avanzar únicamente cuando aparece una buena noticia aislada. Necesitamos que progresivamente se incorporen más especialistas, mejores equipos, infraestructura adecuada y medicamentos suficientes para que la población pueda encontrar en nuestros hospitales una atención cada vez más completa.
Chimbote tiene una deuda histórica con su sistema de salud. El viejo Hospital La Caleta ha soportado durante décadas una demanda que supera largamente sus capacidades. Y mientras tanto, el esperado nuevo hospital especializado de EsSalud todavía tiene un largo camino por recorrer antes de convertirse en una realidad para los asegurados.
Por ello, cada especialidad que llega a la ciudad debe ser entendida como una oportunidad, pero también como un recordatorio de todo lo que todavía falta. No podemos conformarnos con celebrar que ahora tenemos un cardiólogo pediatra. Debemos preguntarnos qué otras especialidades necesitan nuestros niños, nuestros adultos mayores, nuestras gestantes y nuestros pacientes con enfermedades crónicas.
La incorporación del doctor Arturo Rojas Pascual debe servir también para demostrar que sí es posible ampliar la capacidad resolutiva de nuestros establecimientos cuando existe decisión para hacerlo. Lo que corresponde ahora es garantizar la continuidad del servicio y generar las condiciones para que el especialista pueda trabajar con los equipos, personal y recursos que su labor requiere.
Una buena noticia en salud siempre debe celebrarse. Y esta lo es. Pero también debe convertirse en punto de partida.
Chimbote necesita más médicos especialistas, más servicios y menos pacientes obligados a viajar para recibir una atención que debería estar disponible en su propia ciudad. La Cardiología Pediátrica ya llegó a La Caleta. Ahora esperamos que no sea una excepción, sino una señal de que la salud pública comienza, finalmente, a cerrar algunas de sus enormes brechas.

