- El Diario de Chimbote cumple cuatro décadas informando, acompañando y dando voz a la historia de Chimbote, Áncash y todo el Perú
Desde el segundo semestre del 1985, en adelante fui testigo presencial, quizás puedo decir privilegiado, de la forma como Wilfredo Peláez Gularte empezó hacer un trabajo de filigrana para hacer posible ese sueño que lo había repetido en varias oportunidades, y hacerlo realidad.
En esos momentos y por esas cosas del destino él estaba trabajando en Lima y nosotros habíamos terminado de estudiar en la universidad y practicábamos en una entidad, por esa razón al tenerlo cerca fuimos conociendo los detalles que él lo tenía planificado para poder hacer el periódico del cual siempre soñó.
El primer objetivo fue adquirir una maquina impresora off set, no quería depender de nadie, esa fue siempre su característica y conforme fueron pasando los días y las semanas entendí que lo que quería hacer era una imprenta y de pronto aparecieron dos personas que lo fueron llevando a lugares donde había máquinas de segunda que estaban a la venta. Uno de ellos era amigo suyo de la época del colegio San Pedro.
Como estaba en otro tipo de actividades entendía poco de lo que hacía, pero él siguió avanzando hasta que en alguna oportunidad llegó aquella firma que vendía en aquellos momentos las famosas DAVIDSON, unas máquinas de imprenta que habían llegado a nuestro país y se hacían comunes por su versatilidad.
Alguien lo llevó a esta firma donde el dueño era un argentino de apellido D’Leonardo y fue allí donde se hizo lo más importante porque le dijeron que se podía traer de Estado Unidos una máquina reconstruida y capaz de soportar una o dos décadas.
El problema era el financiamiento y fue allí donde él hizo la gestión que en realidad permitió que la empresa que él estaba formando surgiera, porque en aquel momento había asumido como Presidente del Directorio de Interbank, Hernán Garrido Lecca, y Wilfredo Peláez Gularte lo esperó en su oficina en la sede del banco en la esquina del Jr. de la Unión y la calle Las Mercedarias.
En realidad, la capacidad de convencimiento de Wilfredo Peláez Gularte era enorme y en ese momento, hoy podríamos llamarlo un emprendedor, lo que estaba solicitando era un crédito para echar andar la empresa y eso fue lo que consiguió porque ya había formado PubliChimbote S.A y eso ocurrió aproximadamente en el verano del 1986.
Él había recorrido muchísimas imprentas en Lima, pero no lograba encontrar lo que quería y cuando conversó con D’Leonardo, salió convencido de que ese era el punto de inicio, como finalmente lo fue.
Pero, hay una reunión de la cual siempre me acuerdo, porque ocurrió en la navidad de 1985, en aquella oportunidad Wilfredo Peláez trabajaba en Siderperú y le habían dado una casa en La Caleta en la Av. Industrial; y esa navidad la pasamos allí y fue ahí donde llegaron dos personas que nunca las había visto y que cargaban sendos folders y papeles, en realidad no tenía ni idea de lo que era, pero ahí mismo lo explicaron.
Las personas que llegaron aquel día fueron Carlos Carpio La Rosa y Eduardo Perez Ruiz. Fue la primera vez que los vi, lógicamente él ya venía conversando con ellos tiempo atrás y eran las personas con las cuales trabajaría directamente en el armado del periódico. Fue allí donde vi por primera vez un machote de esos que Carpio La Rosa estaba acostumbrado a elaborar.
Me parece que aquella reunión en la navidad de 1985, puede decirse que, es el punto de partida de muchas de las cosas que vinieron después, semanas más tarde se concretó lo de la máquina impresora y todo fue avanzando poco a poco en el transcurso de ese primer semestre del 1986.
Yo estaba en otro mundo, porque hacia una labor totalmente diferente a la del periodismo y recuerdo perfectamente que después de haber pasado el periodo de practica a mí me hacen un contrato no personal para tener un vínculo en el lugar donde me encontraba (ITP). Era una especie de lo que hoy se dice CAS o de repente “Locador”; es decir, había ingresado a una etapa donde podía elaborar mi tesis y seguir trabajando, pero Peláez Gularte no se cansaba de hablar y hablar y convencer porque su proyecto avanzaba.
En julio del 1986 se regresa a Chimbote pues entraba en la recta final para la llegada de la máquina impresora off set de la marca Shiff y de todos aquellos artefactos que se habían comprado para estructurar la imprenta. Nosotros seguimos trabajando en el lugar donde estábamos, pero cumplíamos al salir del horario de trabajo todos los encargos que realizaba Peláez Gularte y que lógicamente eran infinitos.
Así fue llegando agosto y setiembre y él puso fecha de salida del primer ejemplar del Diario de Chimbote y nos solicitó estar ese día allá. Lógicamente los hicimos, llegamos y conocimos todo lo que había hecho.
Fue así como se produce ese parto no de 9 meses, sino quizás de un par de años, para la elaboración e impresión del primer ejemplar del Diario de Chimbote. Era en sistema offset, pues en la ciudad pues en la ciudad no se editaba un periódico de esa manera. Cuando Peláez afirmaba que ese primer ejemplar demoró en elaborarse 3 días, en realidad tenía razón porque lo que se hizo fue una imprenta y de los que estábamos ahí eran pocos los que habían trabajado en ese tipo de negocios.
Para esta actividad resultó vital Eduardo Pérez Ruiz y él recomendó a Pedro Jiménez, que estuvo allí con ese carácter tan especial y que sirvió lógicamente de mucho.
Lo que no imaginaba en ese momento era el efecto que iba a producir el propio medio escrito. Lo fuimos asumiendo conforme fueron pasando los años y mucho más hoy en día que miramos hacia atrás y han pasado 40 años. El tiempo se ha ido muy rápido, pero han ocurrido muchísimas cosas, la propia transformación tecnológica, las caídas y las levantadas, los errores que los hemos asumido y que hoy nos permiten estar y eso si lo digo con firmeza con una marca consolidada.
Pero lo que nos ha permitido llegar hasta aquí fueron esos 25 o 30 años de reciclaje de placas. Sin ese reciclaje no hubieras avanzado. En esos momento resultó fundamental, porque el ahorro era enorme.
Lo que viene ahora estoy plenamente convencido que será diferente porque no sabemos hasta cuándo estará vigente la versión impresa, pero de lo que si estoy convencido es que en esta era de tecnología, la versión digital será fundamental pero eso quizás ya no lo vea, pues para eso está la siguiente generación que tiene en su mano, lo más valioso que es la marca.
Por: Wilfredo Pelaez Olortegui

