Noticias Locales

Carta al director

Estimado Javier Peláez Olórtegui, a ti en el cielo.

Han pasado muchos años desde aquellas jornadas en la redacción. Hoy que el Diario de Chimbote cumple 40 años, siento que es la oportunidad que me faltaba para expresarte mi gratitud y reconocer el valor que tuvo este medio de comunicación en el inicio de mi vida profesional.

Corría abril de 2002. Habían transcurrido apenas unos meses desde que terminé mis estudios universitarios y, como les ocurre a muchos jóvenes profesionales, ya había descubierto que conseguir trabajo no era sencillo y que los conocimientos adquiridos en la universidad sobre periodismo eran apenas una base sobre la cual debía empezar a construir el verdadero aprendizaje: ese que se obtiene en la calle, en la cobertura diaria, en el contacto con las personas y en el compromiso con la verdad.

Sin experiencia ni título profesional, pero con ganas de aprender, encontré en el Diario de Chimbote una puerta abierta. Fue más que una oportunidad de trabajo, fue el espacio donde di mis primeros pasos como periodista y donde aprendí que detrás de cada noticia había personas, historias y, sobre todo, esperanzas.

Entendí que mi misión profesional era ser el puente que conecta los problemas con las soluciones, las injusticias con la justicia. Lo reconozco, era joven, soñaba mucho. Hoy sé que las soluciones y la justicia la mayoría del tiempo son esquivas, pero también tengo claro que eso no significa que hay que dejar de buscarlas.

En el Diario de Chimbote conocí personas increíbles, amables, que siempre me hicieron sentir como en casa, en familia. Nunca escuché críticas destructivas, siempre oí frases de ánimo, de aliento, como lo hacen los verdaderos compañeros.

En varias oportunidades me he preguntado qué habría sido de mi vida profesional si este medio no me hubiera brindado esa oportunidad. ¿Dónde estaría hoy? ¿Qué camino habría seguido? No tengo respuestas, pero sí la certeza de que gran parte de lo que soy como periodista comenzó a construirse en las páginas del Diario de Chimbote.

Estimado Tito, hoy en tu memoria elevo al cielo estas líneas, para darte gracias por tu paciencia, por tus enseñanzas, por tu don de escuchar con empatía los problemas de los demás y por permitir que el Diario de Chimbote hiciera visibles muchas causas justas. También gracias por haber sido un director en el que siempre encontré el respaldo que necesitaba para contar las historias que la población debía conocer, por más duros y críticos que fueran los temas.

Lamento no haberte expresado todo esto cuando aún había tiempo.

A la familia Peláez le manifiesto mi agradecimiento por la oportunidad que me dieron hace 24 años y celebro que, pese a los desafíos propios de los medios de comunicación en general, sigan apostando por mantener vivo a este diario, legado de don Wilfredo Peláez Gularte.

Con gratitud y afecto.

Magali Estrada Astiquipan.