En 1991, el Diario de Chimbote cumplía cuatro años de circulación bajo la dirección de su fundador, don Wilfredo Peláez Gularte. Por entonces, la cobertura deportiva se concentraba habitualmente en la página 8, extendiéndose a la página 7 los días lunes para dar abasto a toda la información del fin de semana.
Aquel año comenzó a cobrar gran notoriedad en la ciudad y a nivel departamental el club Ovación Sipesa, que compartía protagonismo con el Unión Juventud, campeón de la Liga Distrital de Fútbol de ese año. Tras coronarse subcampeón del fútbol chimbotano, Ovación Sipesa dio el salto y se consagró campeón departamental, asegurando su boleto a las etapas regionales de la Copa Perú.
El presidente del club era Raúl Camino Miranda, un apasionado del fútbol que había llegado en 1988 como gerente de la planta de Sindicato Pesquero del Perú. Camino vivía a solo cuatro o cinco casas del director del Diario en la urbanización Buenos Aires, lo que dio pie a una gran amistad marcada por las visitas frecuentes. Por entonces, Camino ya revelaba su anhelo de devolverle a Chimbote el fútbol profesional, ausente en el puerto desde 1973, cuando José Gálvez FBC perdió la categoría aquel año en que se estatizó la pesca.
A mediados de octubre de 1991, Ovación Sipesa inició su aventura regional enfrentando a rivales experimentados como los clubes 15 de Septiembre de Trujillo, ADA de Jaén y Nicrupampa de Huaraz, de los cuales solo uno clasificaría a la etapa nacional. Aunque el equipo dirigido por Elber Rubiños marchaba bien, sufrió un bajón anímico que encendió las alarmas. Ante este panorama, el propio Rubiños le solicitó a Raúl Camino la incorporación como asesor deportivo del entrenador brasileño José Carlos Amaral, quien semanas antes dejó la dirección técnica de Alianza Lima, para inyectarle un nuevo aire al plantel.
La misión de ubicar a Amaral en Lima y convencerlo de asumir como asesor deportivo del comando técnico recayó sobre mí. No fue una tarea sencilla; el DT brasileño no quería pasar de un equipo grande, a dirigir a un desconocido club de provincia. Tras muchas idas y venidas, logré convencer al entrenador para llegar a Chimbote, incluso tuve que gestionar un permiso del entonces presidente de Alianza Lima, el ingeniero Alberto Espantoso.
Con la llegada de Amaral, se organizó un almuerzo en casa de Raúl Camino. Estuvieron presentes la familia Peláez Olórtegui al completo. Don Wilfredo, su esposa Paula y sus hijos Wily, Carlos, Nena y Javier, con la única ausencia de Pocho, quien se encontraba en Lima. En aquella mesa se respiraba optimismo y se selló un compromiso tripartito: Camino aseguraría el respaldo financiero desde la empresa; Amaral tomaría el timón técnico; y don Willy Peláez pondría al servicio del proyecto la artillería periodística del diario, enviando reporteros a los estadios y lanzando un suplemento exclusivo.
EL NACIMIENTO DE UN FENÓMENO PERIODÍSTICO
Ovación Sipesa se coronó campeón regional. Sin embargo, la Etapa Nacional o “Finalísima” tradicional no se jugó: la Federación Peruana de Fútbol decidió que para 1992 los más de 40 clubes profesionales del país se agruparan en zonales. El equipo chimbotano quedó agrupado en el Zonal Norte junto a históricos como el Atlético Grau de Piura, el Torino de Talara, Juan Aurich y Deportivo Cañaña de Chiclayo, Morba de Trujillo, Pacífico de Tumbes, entre otros.
Los partidos de ida y vuelta convertían al estadio “Manuel Gómez Arellano” en un hervidero con las tribunas totalmente abarrotadas. La tradicional página 8 del Diario de Chimbote ya era insuficiente para tanta información. Fue así como nació Deporte Total, un suplemento de ocho páginas que duplicaba el tamaño del periódico tradicional: por el mismo precio de 0.50 centavos, los lectores se llevaban a casa un ejemplar de 16 páginas.
Los hijos de Wilfredo Peláez Gularte asumieron roles clave: Wily (el mayor) asumió la dirección, mientras que Carlos y Pocho se encargaron de la reportería gráfica tanto en Chimbote como en otras ciudades. En sus páginas era muy leída la clásica columna “Tiro Corto”, escrita por el propio don Wilfredo. Leerla tras una derrota del equipo local imponía respeto: su pluma era ácida, aguda y directa, y cuando los resultados no acompañaban, nadie se salvaba de sus dardos.
El suplemento Deporte Total se convirtió en un éxito rotundo y muy esperado cada lunes. Los ejemplares volaban de los quioscos antes de las 10 de la mañana, sobre todo cuando Ovación Sipesa cosechaba un triunfo, algo habitual, ya que desde la primera fecha se aferró a la punta del torneo. El equipo se consagró campeón zonal norte y avanzó al cuadrangular interzonal definitivo, donde midió fuerzas con el Unión Huaral, Bancos de Pucallpa y el Alfonso Ugarte de Puno, campeones de los zonales, centro, oriente y sur respectivamente.
Recuerdo que los viajes para el campeonato regional se hacían en ómnibus. En 1991 nos tocó viajar a Jaén para enfrentar al club ADA. En aquel bus iba el plantel completo e, increíblemente, de la mitad hacia atrás viajaba la barra brava. En medio de todos ellos iba el experimentado reportero del Diario de Chimbote, el recordado Jorge Alberto Rodríguez Castillo, el popular “Cocobeto”.
Sin embargo, la historia cambió radicalmente. Cuando el cuadro chimbotano se coronó campeón del Torneo Interzonal, no solo logró el ansiado ascenso al fútbol profesional, sino que ingresó directamente a la liguilla final del Campeonato Descentralizado de 1992, disputada en el Estadio Nacional de Lima. Allí se midió de igual a igual ante potencias como Sporting Cristal, Alianza Lima, Sport Boys, Cienciano y FBC Melgar. Al ubicarse en el segundo lugar de esa liguilla, Ovación Sipesa clasificó a la Copa Conmebol, lo que hoy en día conocemos como la Copa Sudamericana.
Para el inicio del Campeonato Descentralizado de 1993, el club cambió de nombre a Deportivo Sipesa Chimbote y el nuevo Comando Técnico, con el DT Gustavo Merino a la cabeza inició con una rigurosa pretemporada de tres turnos diarios durante todo enero. El plantel se concentraba las 24 horas en el Hotel Buenos Aires, cuando Nuevo Chimbote aún no era distrito y formaba parte de la ciudad de Chimbote. La jornada comenzaba a las 5:00 a. m. con trabajos físicos en la playa Vesique; continuaba en el gimnasio o con circuitos en el Estadio Pensacola; y cerraba por la tarde con un partido de práctica en la cancha de la fábrica Copés en Coishco.
Los reporteros del Diario de Chimbote cubrían cada uno de los turnos, alimentando una expectativa ciudadana que era total. La ciudad quería saber quiénes eran los nuevos jales, cuándo vendrían los equipos grandes y contra qué rivales internacionales jugaría el Sipesa. Toda esa información se buscaba desde tempranas horas en el diario y en su suplemento Deporte Total. Recuerdo que la distribución del periódico se realizaba en el frontis de emblemático chifa Internacional, y Mario Alberto Roca Dongo, era clave en la distribución.
EL SALTO A LA RADIO Y LA EXPANSIÓN MULTIDEPORTIVA
Para 1995, Deporte Total dio el gran salto a la radiofonía a través de RTCH (Radio y Televisión Chimbote), empresa hermana del diario. Por entonces, Raúl Palacios Rivas hacía sus pininos como practicante de comunicación; Félix Córdoba se encargaba de la planta baja; y Walter Castro ponía la emoción en los relatos de los partidos.
Aquel equipo radial logró un hito inolvidable al realizar su primera transmisión internacional en directo desde Chile, cuando el Deportivo Sipesa se enfrentó al Deportes Iquique. Aunque la tecnología de la época era todo un reto, la unión de la emisora local con una radio chilena hizo posible que Chimbote vibrara en tiempo real con el encuentro.
En 1995 no solo se transmitían los partidos de local y de visita; el editor de deportes, Wilfredo Peláez Olórtegui, conducía un estelar programa radial de 7:30 a 9:00 p.m., donde entrevistaba a los jugadores, informaba los itinerarios de cada viaje y realizaba un análisis concienzudo de cada jornada.
Además, la familia del Deportivo Sipesa destacaba en divisiones menores: voleibol, fútbol, básquetbol, natación, karate, halterofilia, judo y boxeo competían en diversas categorías, llevándose prácticamente todos los campeonatos. Cada gesta y cada medalla podían seguirse de cerca a través de las páginas del suplemento deportivo del Diario de Chimbote o sintonizando los resultados por la señal de RTCH.

