Editorial

Editorial: ::: NOCIVAS VACILACIONES :::

Una ola de indignación se levantó hace un año cuando se conoció que un niño de solo 13 años de edad había sido desfigurado como consecuencia del feroz ataque de un perro de raza pitbull que estuvo a poco de poner en riesgo su vida.

En esa ocasión el menor fue atacado cerca de su domicilio en el A.H. Los Balcones, jurisdicción del conocido barrio de San Pedro, cuando retornaba del Colegio, sin siquiera sospechar que un fiero animal lo atacaría y le prendería su enorme hocico en el rostro.

Aquel fue un hecho dramático, los medios recogerían la versión de los vecinos que intervinieron para ayudar al niño porque la perra pitbull llamada Nala no soltaba al niño.

El rostro destrozado del niño alertó a la prensa de un hecho no sólo grave sino que aparentaba fatídico pues el niño llegó al nosocomio con la zona nasal de su rostro virtualmente desprendida, muchos pensaron lo peor.

Afortunadamente los médicos del hospital La Caleta actuaron con destreza y consiguieron colocarle la parte de su rostro en el lugar aun cuando, posteriormente, ha debido ser sometido a varias cirugías reconstructivas.

Por entonces la opinión pública demandaba mano dura sobre estos reiterativos ataques de animales fieros como los de raza Pitbull, se pidió no sólo el sacrificio del animal sino el internamiento en prisión de su propietaria por tratarse de la única responsable de lo que hace su animal.

Y es que en este tema tiene mucho que ver la responsabilidad por negligencia del dueño de un animal que produce un daño, en el caso específico del Pitbull se consideraba como una grave negligencia el hecho de sacar a su perro a pasear sin que lleve un bozal,  más aún cuando se sabe que estos animales son peligrosos.

Sin embargo, no ocurrió ni lo uno no lo otro, el animal fue llevado a la perrera municipal, no fue sacrificado, mientras que la dueña se negó a acogerse al principio de oportunidad y fue sometida a un juicio en el cual la Fiscalía solicita se le imponga cuatro años de prisión, empero, este caso aún ha terminado.

Ha quedado la sensación de impunidad y cuando aún no terminamos de masticar este caso, ocurre otro hecho de las mismas características en nuestra ciudad, otro niño ha sido atacado por un perro pitbull y ha sufrido, igualmente, lesiones bastante graves.

Se trata de un menor de 8 años de edad que, la semana pasada, en circunstancias que regresaba del colegio a su domicilio en el P.J “Esperanza Baja” por las inmediaciones del jirón Atahualpa, sufrió el ataque del perro pitbull de propiedad de Pepe Naucapoma Mendoza.

El escolar fue inmediatamente auxiliado por vecinos de la zona, que pidieron ayuda a la Comisaría de San Pedro y al Serenazgo de Chimbote, quienes lograron llevar al menor de emergencia al Hospital La Caleta, presentando serios daños en su cabeza, producto de las mordeduras, debiendo quedar hospitalizado.

En este nosocomio, en una operación que duró cuatro horas, a cargo del médico cirujano Luis Rodríguez Tocto se inició el proceso quirúrgico para reconstruir la parte de la cabeza dañada. Se ha programado otras intervenciones hasta que se recupere de la parte afectada, pues a pesar de la gravedad de las lesiones, milagrosamente, no existen complicaciones mayores.

Como se advierte es un hecho totalmente similar al que acaeció hace un año, lo que quiere decir que nada se ha hecho a nivel de autoridades o instituciones para prevenir un hecho como este, menos aún se conoce que se haya sancionado a los responsables del primer caso, lo que deja en el ambiente una sensación de impunidad.

A diferencia del primer caso esta vez ya no se habla de sacrificio del animal o de una posible orden de prisión para el dueño del animal, por el contrario, pese a las graves lesiones que recibió el menor, apenas si le han aplicado una multa por parte de la Comuna Provincial del Santa.

No es posible que esto esté sucediendo en las calles de Chimbote, no es posible que, a pesar de los muchos esfuerzos que existen al respecto, las personas se muestren indiferentes ante las previsiones que se deben observar cuando sacan a sus animales domésticos a las calles.

Hay que ser conscientes que la crianza de animales no está a merced del destino o la providencia, por el contrario, existen normas y un régimen jurídico que todavía están llamados a respetar bajo apercibimiento de imponerse una drástica sanción.

Es realmente un despropósito que se siga pensando que un perro, que por naturaleza propia es bastante peligroso, pueda ser paseado en las calles sin una correa y un bozal de protección, eso es una temeridad y si las autoridades competentes no dejan sentado un precedente categórico al respecto seguiremos asistiendo a esta clase de ataques violentos.

Cierto es que vivimos en una sociedad más sensibilizada y que el trato de los animales ha cambiado de manera radical, existe más acercamiento del mejor amigo del hombre, empero, es no debe dejar margen para que se descuide en control sobre los animales domésticos, nadie puede quedarse en casa de manera obligatoria por temor a ser atacado por un peligroso animal en la vía pública.

Ahora que se ha registrado un nuevo y grave ataque de un perro Pitbull contra un menor de edad no sabemos que es lo que están esperando las autoridades para poner mano fuerte en este asunto, cualquiera podría pensar que están a la espera que haya una víctima de muerte para tomar medidas contundentes, si ello es así entonces tendremos que convenir que los dueños de estos animales seguirán siendo los irresponsables que dejan charcos con la sangre de inocentes niños en las calles. Esto es realmente un absurdo porque no se oculta las nocivas vacilaciones de quienes están llamados a poner las cosas en su sitio en el tema de los ataques de los Pitbull.