Editorial

¿ESTÁ CAYENDO EL CANON MINERO EN UN BARRIL SIN FONDO?

Solamente entre enero y mayo del presente año, la región Ancash ha atraído nuevas inversiones mineras por un monto de 173.1 millones de dólares. Dicha cifra equivale a un incremento del  55.3% con relación a la inversión de 111.5 millones de dólares que se registró el año pasado por este mismo concepto y en el mismo periodo de tiempo.

A partir de esta auspiciosa perspectiva, no se puede negar que la región Ancash tiene un excelente motivo para experimentar legítima complacencia. Como nunca antes, el potencial de sus recursos mineros se mantiene en la preferencia de la inversión extranjera y eso, en términos de economía globalizada, es algo que nos ubica en un sitial de mucha expectativa. Sobre todo porque tenemos minería para rato.

Asimismo, por segundo año consecutivo Ancash se mantiene inamovible en el primer lugar de las regiones productoras de cobre, el metal que en este momento está haciendo furor en las principales bolsas de valores del mundo. La producción cuprífera de Ancash ha desplazado a la producción que registran las tradicionales regiones de Arequipa, Moquegua, Tacna y Cajamarca. Un logro que hasta hace poco nadie imaginó, salvo la inversión extranjera.

Teniendo en cuenta estas proyecciones, las mismas que se mantienen en alza, todo indica que durante el año 2021 la región Ancash recibirá alrededor de mil millones de soles por concepto de canon minero, una cifra realmente envidiable. En el hipotético caso que la distribución de este recurso se tuviera que realizar en forma directa, a cada poblador ancashino le correspondería la suma de mil soles, sin embargo este eventual beneficio está muy lejos de suceder.

En ese sentido habría que recordarle a los principales usuarios del canon minero, como son el gobierno regional así como de las 180 municipalidades provinciales y distritales de la región Ancash, que tienen una deuda pendiente, especialmente con la población hipotéticamente beneficiada.

Hasta hoy, el uso de este ingente recurso económico  no se ve reflejado para nada  en el aspecto social. De lejos se advierte una enorme brecha de injusticia social, pues el canon no llega a sus legítimos destinatarios. Es posible que en el camino sea destinado a otros fines y no a la ejecución de obras ni a la implementación de servicios para los que fue creado. A eso se debe que la calidad de vida de la población ancashina siga dejando mucho qué desear.

Para colmo, no existe de parte de estos organismos la menor voluntad de informar exactamente en qué se utilizan los recursos del canon. El silencio que dicen más que mil palabras. Las únicas instituciones que si cumplen con esta cultura de transparencia son las universidades nacionales del Santa y Santiago Antúnez de Mayolo.

De hecho las inversiones mineras van a seguir llegando, van a seguir creando nuevos puestos de trabajo, elevando el PBI regional y dinamizando la redistribución del ingreso. En hora buena para Ancash. Pero esa confianza hay que retribuirla generando más confianza. No hay que tenerle miedo a la rendición de cuentas. Al contrario, nada proporciona mayor tranquilidad, sobre todo de conciencia, que informar en qué se utilizan los recursos que nos confían para servir a los demás.

Mientras subsista la pésima costumbre de dar la espalda a la realidad, tendremos la ingrata sensación de creer que el canon minero está cayendo en un barril sin fondo, pues tan pronto como hace su anuncio desaparece sin saber a dónde ha ido a caer.