Opinión

EL MUNDO ES ANCHO…

Por: Eiffel Ramírez Avilés (*)

Temprano abrimos la puerta de nuestra casa y salimos a la calle. Qué surge ante nuestros ojos. Nos sale al paso el canillita, que zigzaguea a los apurados viandantes y va deslizando los periódicos por los umbrales. Vemos a gruesas señoras arrastrar el carrito para dirigirse a una esquina y vender el desayuno de la mañana. De un lado, aparece el triciclero gritando a viva voz –o con un megáfono– un trueque de hojalatas o de aparatos malogrados. Y más allá, surge el repartidor de pan, que sudoroso retoca la bodega semiabierta…

Avanzamos nuestros pasos, cruzamos más calles y descubrimos otros movimientos. Ante nuestros ojos están ahora más comerciantes y de todo calibre: ofrecedores de chucherías, golosineros, lustradores de botas, jaladores de tiendas, cocineras de fritangas, vendedores de sandalias, estibadores, ropavejeros y una larga lista interminable; todos ofertando o solicitando algo del caminante. Todos queriendo un sencillo que les prodigará el pan y la avena del día siguiente. Y esos ambulantes están como los pájaros, un ojo en la mercadería y el otro en el entorno; atentos a las manos y facciones del comprador, no dejan de aguaitar los sucesos cercanos. Sí, porque esos ambulantes –hombres y mujeres– viven en la tensión de ofrecer sus productos y, a su vez, de vigilar su posible despojo. ¿Pero quién los quiere despojar?: el competidor del costado, el ladrón que también quiere comer o los fieros serenos que llegan con sus pitos y varas.

Los ambulantes, esos seres del día a día, apuestan por casi vivir en las calles. Al alba, desbordan de sus casas y se lanzan a enfrentar la necesidad, el azar y la selva urbana. Reciben el ninguneo y la persecución; la gente siempre les dice: “Váyanse a otra parte”. Vistos en conjunto, son la imagen de un mundo, el mundo de los desposeídos. Sus bocas siempre murmuran la opción de una suerte mejor; con todo, son sus ojos los más expresivos, porque en ellos están grabadas las frases lapidarias de Benito Castro, el personaje de una conocida novela peruana, y quien dijo una vez, en nombre de todos estos desposeídos: «Los demás nos dirán, “váyanse a otra parte, el mundo es ancho”. Cierto, es ancho. Pero yo conozco el mundo ancho donde nosotros, los pobres, solemos vivir. Y yo les digo con toda verdad que para nosotros, los pobres, el mundo es ancho pero ajeno».

(*) Abogado, Filósofo (UNMSM) y actual Maestrista en Universidad de Barcelona, España.