Editorial

::: LAS AGUAS TURBIAS DE SEDACHIMBOTE :::

Para que Sedachimbote haya terminado virtualmente ahogándose no en vaso de agua sino en su propio  remolino, ha tenido que correr mucha agua turbia bajo el puente. Conforme lo acaba de confirmar la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (SUNASS), Sedachimbote está sumergida desde hace mucho tiempo en una serie de irregularidades  que van desde el aspecto económico, pasando por la propia gestión empresarial y, lo que es peor, rematando con la pérdida de calidad de su verdadera razón de ser: el servicio de saneamiento.

Irónicamente, mientras Sedachimbote necesitaba  con urgencia  de enmiendas y correctivos que le hubieran permitido  curarse en salud, los responsables del manejo empresarial han preferido cerrar los ojos a la realidad, permitiendo deliberadamente que estos problemas se agudicen. Como corolario de esta crucial ironía, se puede decir que Sedachimbote se encuentra en este momento en una sala de cuidados intensivos y sometida a respiración artificial.

Su incorporación por tres años al Régimen de Apoyo Transitorio (RAT) dispuesto por la SUNASS, es la última oportunidad que tiene para seguir funcionando como empresa paramunicipal, aún a costa de tener que prescindir de una instancia que le otorgaba autonomía empresarial como es la junta de accionistas. Si transcurrido este tiempo Sedachimbote no da señales de mejoramiento, entonces podría convertirse en otra empresa estatal o, en el mejor de los casos, en una empresa privada.

Aunque parezca increíble, uno de los problemas que han dado lugar para que Sedachimbote esté ahora con un pie en el cadalso, tiene que ver con la falta de sinceramiento. A mediados del 2019, por recomendación expresa de la Contraloría General de la República, la empresa paramunicipal contrató a regañadientes  el servicio de una empresa auditora  para que formule un diagnóstico de su real situación económica y financiera.

El contrato para la realización de esta auditoría fue por la suma de 28 mil soles y lo único que tenía que hacer Sedachimbote era poner a disposición de la empresa auditora toda la documentación relacionada con los balances anuales que por lo demás, y de acuerdo con la ley de transparencia, no tienen por qué ser un secreto para nadie. Sin embargo, han transcurrido dos años y medio y hasta este momento Sedachimbote no han dado ninguna respuesta. Adiós auditoría. Adiós 28 mil soles.

Si la auditoría se hubiese llevada a cabo, hace rato que se hubiera podido conocer no solamente los males que corroen las entrañas de la empresa sino también las alternativas de solución. Pero no cabe la menor duda que para los directivos de Sedachimbote es preferible reír que llorar. Aparentemente, nada es mejor para ellos que  cerrar los ojos a la realidad y seguir engañándose a sí mismos. No, señores. Las cosas no se arreglan tapando el sol con un dedo, menos escondiendo la basura debajo de la alfombra.

Otro de los problemas  que han puesto a Sedachimbote contra las cuerdas radica en el descuido de sus directivos por no haber cumplido con la inscripción de los estatutos de la empresa en la oficina de registros públicos, con lo que muchos actos de carácter administrativo y funcional podrían ser declarados ilegítimos. Mayor descuido, no puede haber.

Toda la responsabilidad de esta ingrata situación recae directamente en la gestión que han hecho, o que han dejado de hacer, tanto la Junta de Accionistas, cuya titularidad recae en la Municipalidad Provincial del Santa, como el Directorio y la gerencia general, que ahora prefieren lavarse las manos.

Mientras permanezca en el Régimen de Apoyo Transitorio, Sedachimbote tiene todavía una última oportunidad para seguir funcionando como empresa municipal. En caso de no conseguirlo, necesariamente tendría que convertirse en otra empresa estatal o, en el mejor de los casos, en una nueva empresa privada. Cualquiera que sea el desenlace, lo que más de 90 mil usuarios desean es que la empresa mejore la calidad del servicio.