Editorial

::: CHIMBOTE POR LA PAZ :::

¡Perú te queremos, por eso marchamos!. Impulsados por la significación y alcance de este categórico slogan, personal de las diferentes dependencias de la División Policial de Chimbote realizó anteayer una gran movilización denominada Marcha por la Paz, la misma que recorrió las principales calles de la ciudad. Ante las manifestaciones de agitación y  violencia que ha vivido el país  en los últimos días, esta movilización era necesaria para devolverle al pueblo de Chimbote  la seguridad de vivir en paz y la garantía de respeto al estado de derecho y el orden constitucional.

Como era de preverse,  la vacancia del ex presidente Pedro Castillo  y su inmediato encarcelamiento tras ser acusado por los delitos de rebelión y ruptura del orden constitucional, iban a provocar la inmediata reacción de sus seguidores. Y así fue. Tan pronto como el ex mandatario fue detenido y puesto a disposición de la justicia, la llama de violencia estalló en forma simultánea en diversas regiones del país. Conforme se ha podido conocer hasta en su mínimo detalle, esta escalada de agitación fue organizada con calculada anticipación en el propio Palacio de Gobierno, con recursos del estado.

Empleando los  mismos métodos del  terrorismo que azotó a los peruanos en las décadas de los 80 y 90, los incondicionales de Pedro Castillo pretendieron imponer una vez más en el Perú un estado de caos generalizado, dominado por la muerte, la destrucción y el odio entre peruanos.

En  paralelo con la toma de  aeropuertos,  el bloqueo de carreteras y el secuestro de pasajeros, las hordas de la violencia incitaron el saqueo de tiendas comerciales, apedrearon locales públicos y hasta intentaron realizar la “toma” de yacimientos mineros. Con el apoyo de los remanentes de sendero luminoso, así como de la minería ilegal y el narcotráfico,  lo que estas hordas  han querido era tomar el poder por la fuerza para gobernar el Perú a sangre y fuego.

Sin embargo, aún no se han borrado de la memoria colectiva las matanzas de Lucanamarca, Uchuraccay, La Cantuta y la que ocasionó el coche-bomba en la calle Tarata. Tampoco la masacre de los siete desaparecidos de Santa, ni mucho menos el cruel asesinato a sangre fría de los Mártires de Pariacoto, Miguel Tomaszek y Sbigniew Srtzalkowski, lo mismo que del párroco de Santa Sandro Dordi. Estas crueldades todavía oprimen el corazón del pueblo peruano.

Por el dolor que le han causado a la nación, estos hechos no pueden ni deben olvidarse jamás. Por el contrario, deberían tener un lugar destacado en los libros de historia para que nunca más vuelvan a repetirse. Por lo  tanto no era un secreto para nadie que los remanentes de quienes ocasionaron tanto daño al país, solo estaban a la espera de cualquier coyuntura política para sacar nuevamente las garras y reavivar el espiral de la violencia. Esta coyuntura fue precisamente la vacancia y el encarcelamiento del dictador más efímero de la historia del Perú, el ex presidente  Pedro Castillo Terrones.

Ha sido oportuno por eso que la Policía Nacional se haya puesto a la cabeza de una nueva cruzada por la paz, que es también una de las armas más efectivas para restablecer la confianza del pueblo peruano. Como institución creada para salvaguardar el orden interno, la policía es la llamada a tomar este tipo de  iniciativas. Lo que el Perú necesita es afianzar su condición de país emprendedor y acogedor. Y eso no se consigue causando muerte y destrucción, ni bloqueando carreteras, ni  provocando odio y enfrentamiento entre peruanos. Eso solo se consigue en paz.