El último comunicado de la Enfen no debería pasar como un informe técnico más, sino como una advertencia clara que el país y en especial las autoridades no puede darse el lujo de ignorar. El tránsito de un Fenómeno El Niño Costero de intensidad débil a moderada en los próximos meses no es un dato menor: es, en términos prácticos, una señal de que el riesgo climático está escalando.
El Perú ya conoce demasiado bien las consecuencias de subestimar estos eventos. Episodios pasados han dejado pérdidas millonarias, infraestructura colapsada y poblaciones enteras afectadas por lluvias intensas e inundaciones. Por ello, mantener el estado de alerta no basta; se requiere una respuesta articulada, preventiva y, sobre todo, oportuna. La experiencia demuestra que reaccionar tarde suele ser más costoso que prevenir.
Lo preocupante es que, pese a la recurrencia del fenómeno, el país sigue mostrando debilidades estructurales en su capacidad de preparación. Gobiernos locales con limitada ejecución presupuestal, obras de prevención inconclusas y una débil cultura de gestión del riesgo siguen siendo parte del problema. El anuncio de lluvias por encima de lo normal y temperaturas elevadas debería activar de inmediato planes concretos, no solo comunicados.
En el frente económico, la advertencia sobre la baja en las capturas de anchoveta es particularmente sensible. Este recurso no solo sostiene una de las industrias pesqueras más importantes del país, sino que también impacta en exportaciones, empleo y recaudación. La alta presencia de juveniles que obliga al cierre de zonas de pesca es una medida necesaria para la sostenibilidad, pero implica costos inmediatos que el Estado y el sector deben prever. Aquí el desafío es claro: equilibrar la conservación del recurso con la estabilidad económica de miles de familias que dependen de esta actividad.
No es la primera vez que el sector pesquero enfrenta restricciones por condiciones oceanográficas adversas, pero cada episodio revela la falta de estrategias de diversificación productiva. Depender excesivamente de la anchoveta vuelve vulnerable a toda una cadena económica frente a eventos climáticos como El Niño.
Por otro lado, el posible desarrollo de un evento cálido en el Pacífico central añade una capa adicional de incertidumbre. No se trata solo de un fenómeno local, sino de un escenario climático más amplio que podría intensificar sus efectos hacia fines de año. Ignorar esta señal sería repetir errores del pasado.
El llamado del Enfen a las autoridades y a la población es pertinente, pero insuficiente si no se traduce en acciones verificables. La ciudadanía necesita información clara, pero también obras, planes de contingencia y liderazgo político. La prevención no puede seguir siendo un discurso estacional que aparece solo cuando el riesgo es inminente.
En conclusión, este comunicado debe entenderse como una oportunidad para corregir el rumbo. El país aún está a tiempo de prepararse, pero ese margen se reduce rápidamente. La historia reciente ha sido contundente: el costo de la inacción frente al Fenómeno El Niño siempre termina siendo mucho más alto que el de la prevención.

