A estas alturas para los asegurados a Essalud asistir al Hospital III de Laderas del Norte es un viacrucis. Todos los días hay denuncias, por los diferentes problemas que se generan en casi todas áreas del referido nosocomio. Si existen desde hace más de una década problemas en la infraestructura, ahora se suman las negligencias de las administraciones del último lustro y sobre todo la última.
La Contraloría General de la República ha emitido un informe de control el cual se convierte en un documento oficial muy valioso porque nos dice crudamente lo que los asegurados observan en el día a día y que lamentablemente pese las muchísimas denuncias no hay cambios de ningún tipo.
El informe es una radiografía alarmante del deterioro institucional y de la falta de capacidad de gestión en uno de los principales establecimientos de salud de la región Áncash. Las deficiencias detectadas son tan graves que afectan directamente la seguridad, la dignidad y la vida de miles de asegurados.
Resulta inaceptable que un hospital que atiende a más de 224 mil personas mantenga un mamógrafo inoperativo durante más de un año sin que nadie asuma responsabilidad. La detección temprana del cáncer de mama no puede esperar meses ni años debido a la indiferencia burocrática. Cada día que ese equipo permanece inutilizado representa mujeres sin diagnóstico oportuno y pacientes expuestas a mayores riesgos para su salud. Lo mismo ocurre con los equipos de rayos X que no funcionan y obligan a improvisar con equipos rodables antiguos.
La situación en el servicio de emergencia también es escandalosa. Encontrar el área de triaje cerrada durante una guardia nocturna, sin personal responsable y sin registro de pacientes, demuestra un nivel de desorganización extremadamente peligroso. Más grave aún es que los tópicos de medicina y cirugía estuvieran prácticamente a cargo de médicos residentes ante la ausencia de los asistentes programados. En un hospital, especialmente en áreas críticas, no puede existir espacio para la improvisación ni el abandono de funciones.
Las observaciones realizadas en ginecología, pediatría y farmacia evidencian que las carencias son generalizadas. Ambientes oscuros, equipos incompletos, residuos biocontaminados mal segregados y ausencia de control de medicamentos estupefacientes son situaciones que reflejan una preocupante pérdida de autoridad y supervisión interna. No se trata únicamente de falta de presupuesto; el problema principal parece ser la ausencia de control y de compromiso de quienes dirigen el establecimiento.
Igualmente indignante resulta el manejo de los residuos hospitalarios. La Contraloría advierte que la Red Asistencial Áncash habría fraccionado contrataciones para evitar procesos de selección pública, vulnerando la Ley de Contrataciones del Estado. Si esto se confirma, no solo estaríamos frente a una deficiente administración, sino ante prácticas que podrían favorecer irregularidades y afectar la transparencia en el uso de recursos públicos.
El caso del servicio tercerizado de alimentación es otra muestra de desidia. Transportar alimentos hospitalarios sobre el piso de una combi y permitir que sean manipulados sin medidas mínimas de higiene es una falta de respeto para pacientes que necesitan una adecuada nutrición como parte de su recuperación. La tercerización no puede convertirse en excusa para relajar controles ni reducir estándares sanitarios.
Las autoridades de EsSalud tienen la obligación de actuar de inmediato. No bastan comunicados ni anuncios de futuras mejoras. Los asegurados merecen respuestas concretas, sanciones para los responsables y un plan urgente de recuperación institucional. La salud pública no puede seguir administrándose con negligencia, improvisación y absoluta indiferencia hacia los pacientes.

