Opinión

El Niño ya golpea a Áncash

Por: Fernando Zambrano Ortiz

Analista Político

En Áncash, el Fenómeno El Niño ya empezó a sentirse, aunque todavía no hayan llegado las lluvias más intensas. Sus primeros efectos aparecen en la pesca, el comercio, la agricultura y en la preocupación de miles de familias que dependen de estas actividades.

El golpe más visible está en la pesca. La suspensión de la temporada de anchoveta en la zona norte-centro afecta directamente a Chimbote, Coishco, Samanco y Huarmey. Cuando la flota se detiene, no solo pierden los armadores. También se reducen los ingresos de tripulantes, trabajadores de plantas, transportistas, talleres, proveedores y pequeños comercios.

La suspensión es necesaria para proteger la biomasa y evitar la captura de juveniles. Pero eso no significa que el Estado deba limitarse a esperar. Se requieren medidas temporales para proteger el empleo, facilitar reprogramaciones financieras y evitar que la paralización termine destruyendo toda la cadena económica vinculada a la pesca.

Otro impacto se observa en el comercio. El invierno más cálido ha reducido la demanda de casacas, chompas, frazadas y otras prendas gruesas. Muchos comerciantes venden con fuertes descuentos solo para recuperar parte del capital invertido. Venden, pero no necesariamente ganan.

En Chimbote, Nuevo Chimbote y Huaraz, esta situación golpea especialmente a pequeños negocios que ya venían trabajando con márgenes reducidos. Una campaña perdida puede significar deudas, cierre de talleres y menos empleo.

Sin embargo, el mayor riesgo podría estar en el agro. Los valles de Santa, Nepeña, Casma y Huarmey sostienen una producción importante para el mercado nacional y la exportación. El aumento de la temperatura puede alterar la floración y la calidad de cultivos como mango, palta, arándano y uva. Si luego llegan lluvias intensas, huaicos o cortes de carreteras, las pérdidas pueden multiplicarse.

Una fruta puede estar en buen estado en el campo y perderse porque no llega a tiempo a la planta, al puerto o al mercado.

Áncash es especialmente vulnerable porque reúne costa, valles, quebradas y zonas altoandinas. Una sola vía interrumpida puede aislar comunidades, frenar exportaciones y encarecer alimentos. Por eso, la región necesita una estrategia propia y no solo medidas generales diseñadas desde Lima.

La prioridad debe ser clara: limpiar drenes y canales, proteger bocatomas, reforzar puentes, asegurar rutas alternativas y preparar planes de contingencia para pesca, agricultura, comercio y transporte.

El sector privado también debe actuar. Las empresas necesitan revisar seguros, contratos, proveedores, rutas y niveles de liquidez. Esperar a que la emergencia llegue puede ser demasiado tarde.

El Niño ya está golpeando a Áncash. Lo hace en el mar, en los talleres, en los mercados y en los campos. Todavía estamos a tiempo de reducir las pérdidas, pero solo si autoridades y empresas actúan antes de que la naturaleza vuelva a encontrarnos desprevenidos.