Editorial

San Jacinto no puede seguir esperando por un servicio de saneamiento digno

San Jacinto es uno de los antiguos centros poblados del valle de Nepeña y, pese a su importancia histórica, productiva y poblacional, continúa arrastrando una deuda básica que no puede seguir siendo postergada: contar con servicios de agua potable y saneamiento eficientes, seguros y sostenibles.

La reciente fiscalización de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) vuelve a poner sobre la mesa una realidad que los habitantes de San Jacinto conocen desde hace mucho tiempo. Existen deficiencias en la calidad y gestión del servicio que requieren medidas urgentes, no solo recomendaciones que terminen archivadas en algún escritorio de la administración pública.

Uno de los aspectos señalados es la necesidad de mejorar el monitoreo del cloro residual para garantizar una adecuada desinfección del agua. Se trata de una obligación elemental cuando está de por medio la salud de más de 8 mil personas. El agua que llega a los hogares debe cumplir condiciones que garanticen su seguridad, y para ello no basta con administrar precariamente el servicio: se necesita control permanente, mantenimiento e inversión.

Más preocupante aún es la situación de la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR), cuyo deterioro demanda rehabilitación, limpieza y mantenimiento. Una infraestructura destinada a tratar las aguas servidas no puede funcionar en condiciones deficientes, porque sus consecuencias terminan afectando tanto a la población como al ambiente.

Sunass también ha planteado la necesidad de ejecutar programas de mantenimiento preventivo de las redes de agua potable y alcantarillado, además de establecer mecanismos adecuados para registrar, atender y hacer seguimiento a los reclamos y problemas reportados por los usuarios. Todo ello revela que San Jacinto no enfrenta un problema aislado, sino una situación que requiere una intervención integral.

Por eso resulta particularmente importante la recomendación dirigida a la Municipalidad Provincial del Santa para que gestione la integración de San Jacinto al ámbito de responsabilidad de Sedachimbote, conforme a la normativa vigente. Si la actual modalidad de prestación no está garantizando un servicio adecuado, corresponde evaluar seriamente una alternativa que permita mejorar la capacidad técnica, administrativa y operativa.

La integración a Sedachimbote, sin embargo, no debe convertirse en un simple cambio administrativo. De poco servirá incorporar a San Jacinto a la empresa prestadora si no se acompaña esta decisión con inversiones, rehabilitación de infraestructura, mantenimiento permanente, supervisión y metas concretas de mejora.

Las autoridades tienen ahora una oportunidad para dejar de pasarse la responsabilidad de una institución a otra. La Sunass ya ha identificado las deficiencias. La población las padece diariamente. Lo que corresponde ahora es actuar.

San Jacinto merece un servicio de agua potable y saneamiento a la altura de las necesidades de sus habitantes. No se puede hablar de desarrollo, salud pública ni calidad de vida mientras miles de ciudadanos continúen dependiendo de sistemas deficientes. La Municipalidad Provincial del Santa, la Municipalidad Distrital de Nepeña, Sedachimbote y las demás entidades competentes deben sentarse a trabajar y definir una solución.

El agua y el saneamiento no son favores ni privilegios. Son servicios esenciales y derechos que el Estado tiene la obligación de garantizar. San Jacinto ya esperó demasiado.